Barcelona Pipa Club / Virtual Pipa Club 

 

  IV CONCURSO DE MICRORELATOS DEL BARCELONA PIPA CLUB    ( 1 )    

 
 

 

 > QUE ES
    EL BPC 

 > HOME PAGE
 > REVISTA
 > COMERCIOS
 > PIPA Y SALUD
 > OFERTAS
 > PHOTOS
 > PIPACHAT
 > PIPALISTA
 > APRENDER
    A FUMAR

 > TABACOS
 > COLECCION
 > FUMADAS
 > SALÓN DE
   JUEGOS    

 > HAZTE SOCIO

 > LIBRO
   DE VISITAS

 

 


José Luis Yuste Andrinal ,de Toledo
ganador del
IV Concurso de Microrelatos
del Barcelona Pipa Club

Tema : "La pipa y las prohibiciones del tabaco",

 

 


El Barcelona Pipa Club On Line ruega disculpas en primer lugar por el retraso en el fallo del IV Concurso de Microrelatos debido a causas ajenas a nuestra voluntad , a la vez que considera:

"Que el relato "El suicidio" de José Luis Yuste Andrinal es el justo merecedor del premio por su sentido del humor, buena factura y también por ajustarse debidamente al tema de nuestro concurso. Felicidades al ganador y enhorabuena a todos los participantes por el nivel conseguido ."

 

   Breve referencia de José Luis Yuste Andrinal

Diplomado en “Magisterio” y Licenciado en Geografía e Historia  (Rama “Historia Antigua y Medieval”) por la Universidad Autónoma de Madrid, aprobó las oposiciones al cuerpo de  Maestros en el año 1994  -Especialidad de “Educación Infantil”-.  Actualmente dirige el Colegio Público de Quismondo, un pequeño pueblo de la provincia de Toledo, cargo que lleva desempeñando ininterrumpidamente desde  1998.

Está casado y tiene dos hijos de  6  y  4  años.

Aficionado a la Literatura, escribe cuentos para niños y relatos breves desde hace aproximadamente dos años. 
 

 


 

 
Relato ganador
del IV Concurso de Microrelatos del Barcelona Pipa Club

 

Suicidio (122 )

-Buenas tardes, Menéndez; ¿Qué tenemos? –preguntó al tiempo que extendía su mano hacia el oficial.

-Buenas tardes, señor Juez –contestó el policía estrechando la mano que le ofrecía el recién llegado y señalando a continuación hacia la víctima.  
 

El Juez miró al cadáver que yacía tirado a escasos metros sobre un inmenso charco de sangre. Le llamó la atención que aun sujetara en su mano derecha una cachimba labrada de marfil.

 Se acercó al fiambre seguido muy de cerca por Menéndez. 
 

-Yo diría que tiene más de veinte puñaladas.

-¡Treinta y cuatro! Había treinta y cuatro personas en el local y todas, según han relatado, participaron en el acto.

-¿Han encontrado algo?

-Esta nota. Estaba en un bolsillo de la chaqueta del finado y va dirigida a usted -informó el agente mientras entregaba un papel al magistrado quien leyó en voz alta:

 “Señor Juez: no culpe a nadie de mi muerte. Problemas laborales y personales me han llevado a tomar esta decisión. Me faltó valor para tirarme por el viaducto, para atiborrarme a pastillas o para cortarme las venas... Así que decidí poner fin a mis días de esta manera”. 
 

-¡Solo a un imbécil se le ocurre encender su pipa en un restaurante para no fumadores! –Exclamó el agente.

-O a un suicida. Muy desesperado debía estar para hacer una cosa así –apostilló el magistrado.

 
José Luis Yuste Andrinal

 

 

 Otros relatos a concurso 1 (de 2 )  

 


Evocación (142 )

En el sillón de su casa, con el humo de su pipa evocaba hermosos gorriones que había visto, rostros de mujeres que había amado y un inmenso navío en el que había pasado tiempo de su vida. Y cuanto hubiera dado por poder hacerlo ahora que su vida se había derrumbando por completo. Pero no podía, ya que en el restaurante que lo había citado su novia para dejarlo estaban prohibido los gorriones, los barcos y cualquiera de los hermosos recuerdos que él suele evocar.

Emanuel S. H. Marin (Argentina)

 


 

La tentación (141 )

Muchas lunas antes de la aparición de Adán, nosotros parientes cercanos, nosotros parientes lejanos del Hombre, correteábamos por aquí en grupos. Cada uno de esos grupos – el nuestro presumía ser uno – tenía un macho dominante (el nuestro se llamaba Ozkur ), un tipo duro y de armas tomar.

Yo ( un tipo ordinario) tenía un buen amigo: “ Cara de Melón”, él era mi compañero de andanzas y de aventuras, él y un par  más de compañeros : V.. y J…

Cierto día Cara de Melón encontró algo a mitad de camino entre una rama y un tallo, algo que al cabo de un tiempo comenzamos a llevarnos a la boca (por imitación), y que frotándolo y frotándolo, conseguíamos calentar (a base de esfuerzo), a una temperatura tibia para la boca y caliente para el alma.

Ozkur, como macho alfa del grupo regulaba  las actividades del grupo y desechaba toda actividad que no tuviera un claro fin provechoso para el grupo (búsqueda de alimentos y agua, celo ante depredadores, etc.); con lo que tan pronto nos sorprendió con esta nueva actividad nos prohibió (en nuestro lenguaje – entiéndase: gruñidos y golpes-), esa actividad.

Por un período de tiempo continuamos con nuestro rito, haciéndolo secreto y a escondidas.

Eso, hasta que un día, inmersos en el placer que eso nos daba (y creyéndonos mas alejados de lo que realmente estábamos), llegó Ozkur y con él los gritos, el dolor de los golpes (al principio de él, luego ya de todo el resto del grupo), para luego el silencio.

Al cabo de (¿años?, ¿décadas?, ¿siglos?), un día de calor de verano, unos arqueólogos removieron un trozo de uno de mis huesos, cerca había otra parte de Cara de Melón y mas allá otra de V… y algo de J… Se marcharon alegres de encontrar parte de su pasado, parte de algo… Lo que nunca encontraron (porque había formado parte de la tierra como la mayoría de nuestros cuerpos), era esa “ramita” con la que hasta un día jugamos.   

Gurmensindo Báez Dequeira.-

 

 


 

Los viajes (140 )

Empezó con una expedición a la Selva donde vio increíbles animales, cuando se aburrió viajo a China donde recorrió la Gran Muralla, después tomo un Café en París y luego el viaje concluyo cuando, mientras observaba la Torre Eifel, le dijeron que debía apagar su pipa.  

Emanuel S. H. Marin (Argentina)


 

La pipa me encontró (139 )

¿quien dice que hay que estar viejo para fumar pipa?

yo, deje de fumar el cigarillo normal, pero algo me hacia falta en la vida, estava de mal humor y me irritava con gran facilidad.

sin darme cuenta, escribiendo una carta a mi abuelo, en una pausa que hice, me di cuenta que estava chupando muy relajado la tapa de la pluma.

un espejo frente a mi escritorio que tengo en la recamara me hiso reflexionar  y si estas tan relajado con ese plastico en la boca, ¿como te verias con una buena pipa?

sin mas, me levante y me diriji a una tabaqueria y realmente yo no encontre a la pipa, ella me encontro a mi, ya que entre la gran variedad que habia en ese lugar hubo una que me hechizo.

lleno mis ojos y como con respecto a las mujeres pense, esa tiene que ser mia.

la compre y regrese a terminar la carta a mi abuelo.

orgulloso con mi pipa, me sentia interesante, intelectual y quice atribuirlo como un homenaje a mi abuelo.

soy tan egocentrico que esa pipa la disfruto a solas, escribiendo, saboreando mi cafe.

porque todo es conceptual en esta vida, para mi el concepto de mi pipa es mi lado de  genialidad y prespectiva critica, analitica y de fantasias que dan pose a mis movimientos.

que hermosa es la vanidad, cuando la exivimos solo a nosotros mismos.

ahora cuando escribo, ya no estoy solo con mis pensamientos, mi pipa me acompaña y me invita a la inspiracion divina de estar el algun lugar del cosmos fumandola y viendo la misera condicion humana o relajado en un yate esperando con toda la calma del mundo que pique el pez mas extraordinario.

en mi testamento pedire, que me entierren con mi pipa y vestido de smokin, porque para mi no cualquiera fuma pipa.

y como yo no soy un cualquiera, deseo tocar las puertas del cielo, elegante y pidiendole un fosforo a san pedro para encenderla y tener una sabrosa charla con el señor.

quien seguramente estara disfrutando la mas codiciada de las pipas.

que es, la pipa de la paz.

 

Francisco José Caballero Romo, México
 
 


Clinton, pipa y tabaco (138 )
 

CLINTON RAMIREZ, díscolo, literato de  la hirviente  Cienaga departamento del magdalena, donde las letras pasean a plena luz del Sol y  y se sientan por las noches en la plaza del centenario, mi amigo y asesor como yo del alcalde en turno, en el asunto de las finanzas públicas, carajo! Nos toco volar para la nevera bogotana a arreglar asuntos de la cosa pública  y de paso a encontrarnos con unos amigos suyos. Sin saber , iba a encontrarme con una gran realidad  de mi vida,  el escribir  sin miedos y  plumajear  el papiro  moderno  con las teclas de mi computador. Fuimos y realizamos las actividades profesionales  programadas, y luego una cita con varios  estudiosos de las letras,  unos costeños, otros  sabaneros  y como es lógico los bogotanos,  por último este espectador  de letra inerte que sólo quería escuchar para aprender.  Hablaron de la Antología de cuentos que iban a realizar  con los cuentistas de la costa Norte de Colombia, en fin , que perplejo estaba ante tanta sapiencia, ricos lenguaje y excelente despliegue de la imaginación. Acabados sus temas me hicieron una sola pregunta ¿BYRON,  HAS ESCRITO ALGUNA VEZ?,  me los quedé mirando y se rieron, le dije NO pero si quieren les hecho un cuento de mi pueblo,  PILAS ECHE! me dijeron (Rieron otra vez). Me sumergí en mi mundo Rural , me transporté en el tiempo y empecé a hablar de una de las tantas historias insólitas y deslumbrantes acaecidas en mi tierra natal (Polonuevo- Atlántico), en la mitad del relato  CLINTON SACO SU PIPA ,  otros un tabaco  con un excelente aroma,  pidieron silenciosamente Cerveza negra de sifón , me calle y pregunté, que pasó?  Por qué la pipa y los tabacos. Me contestó mi amigo CLINTON ,! AMIGO BYRON VACCA, LAS PALABRAS DEL BUEN NARRADOR DEBEN SER SIEMPRE AROMATIZADAS  EN LOS AIRES  POR  UN BUEN TABACO,  SEA EN PIPA SEA EN HABANO, SU CALOR, ALIVIADO CON UNA CERVEZA NEGRA Y DE SIFON¡ JA JA JA JA JA. 
 

Luigi , Barranquilla,Colombia



 

El último tabaco (137 )
 
Mira que venir a descubrir el amor en un cuarto de baño, es verdad que fue  
dificil encontrar una mujer a la que le agradara, o siquiera soportara mi  
fuerte adicción al tabaco, pero lo hice, y Sabina fue ese extraño espécimen  
que no solo soportó, sino que adoró mi olor a cigarrillo. Ella tiene una  
adicción igual o más fuerte que la mía. 
Esta tarde fue magica, Sabina y yo nos dimos una escapada hacia esta  
propiedad, es de un amigo mio, estamos en medio del campo, cerca de aqui no  
hay nada y solo nos teníamos el uno al otro. No hemos salido de la casa  
desde que llegamos. Despues de entregarnos al juego de las sabanas y amarnos  
durante unas horas, conversamos largamente. 
Varias horas nos pasamos desnudos, sobre la cama, hablando, dejando que el  
humo del tabaco que salía de uestras bocas se comunicara y se fundiera en un  
dialogo de volutas. No nos dimos cuenta de cuanto tiempo pasó, ni de cuantos  
cigarrilos fumamos. El humo fue acercandonos más y más hasta que no hubo  
nada más que decir, volvimos a hacer el amor. 
Despues de amarla hasta el cansancio, tomé la cajetilla del buró, solo  
quedaba un cigarrillo. Yo no iba a compartirlo con ella, Sabina debe haberse  
dado cuenta de que era el último que quedaba, me miro y se me hecho encima,  
supe que ella no lo compartiria conmigo. Luchamos largo rato por ese tabaco  
el único que quedaba, el último. 
Así fue como termine encerrado con mi amor en el cuarto de baño, Sabina esta  
ahi afuera gritando y dando golpes contra la puerta, yo estoy fumando aqui  
dentro.

 
 
Funkmador (Méjico)



 

Anne intentó que todo volviera a la normalidad (136 )

Hacía ya tres años que su marido, Joan la había dejado para siempre, aquel terrible cáncer de pulmón se lo había llevado sin más dejándola en la más pura soledad, llevando un vacío en su interior que nada volvería a llenar.

Pero cada día, a las cinco de la tarde, como venía haciendo desde aquel día fatal, Anne se arreglaba, y preparaba dos tazas de té, que tanto le gustaba a Joan, una para ella y otra para el marido ausente.

Y a pesar de que él ya no estaba, decidió que jamás perdería esa costumbre que practicaban desde cuando empezaron a vivir juntos, fumar aquel cigarrillo a medias y a escondidas, ya que Anne aún creía que eso era cosa de hombres.

Carmen Peñaloza Oliva
 
 
 


De esta noche no pasa (135 )


Esta noche lo ha vuelto a hacer. Y mira que se lo he 
dicho cientos de veces. Porque yo podré ser buena, 
pero tonta, no. 
 
Ha salido de casa, como cada noche, a eso de las ocho 
y media, nueve menos cuarto. Primero da un paseo breve 
por las calles del barrio –acostumbra a elegir las 
menos iluminadas–, pero siempre termina en ese café 
que hay a dos manzanas de aquí. Yo no le he seguido 
nunca, hasta ahí podíamos llegar, pero son muchos años 
viviendo juntos como para no saber exactamente lo que 
hace en cada momento. Él estará como siempre, acodado 
en la barra, bebiendo una cerveza y fumando sin parar 
su apestosa pipa. Ella permanecerá inmóvil a su lado, 
atenta a cada caricia que pueda recibir de mi marido, 
a cada gesto de cariño que él le regala continuamente. 
Y a mí, que me zurzan.
 
 
Luego llegará con su maldito olor a tabaco y jurando 
que ni siquiera ha dado una bocanada; como si yo no 
supiera que, si no fuera por fumar, para luego iba a 
tener tanto interés en sacar cada noche de paseo a la 
perra… pero de hoy no pasa: no pienso consentir que 
siga trayendo ese olor asqueroso que no hay manera de 
arrancar de las cortinas ni gastando un bote entero de 
ambientador. 
 
Ricardo Bosque 

 


El viejo de la pipa  (134 )
 

Recuerdo entrar en casa corriendo, mis pequeños pies subían las escaleras para encontrarse con aquel señor mayor para mí que me esperaba sentado en su sofá de madera añil, sentado con su boina su sonrisa y su pipa. Aquella pipa que nunca se quitaba, que desprendía un olor a humo marchito pero confortable. Recuerdo mis largas tardes de niña rodeada por sus brazos y sus risas. Nada me producía más amor, nada me producía más protección, entre sus brazos nunca me pasaría nada. Le contaba como me había ido en el colegio, mis batallas con mis compañeros y jugábamos a cromos y al parchis mientras comíamos palomitas de azucar. Cada tarde, de mi infancia estaba ligada a él, al recuerdo de unas manos grandes y al olor de aquella pipa que siempre estaba con nosotros. La vida era bella, no había injusticias, ni dolor, ni miedo al futuro. Tan solo una pequeña que se dejaba querer por la única persona que la quiso de verdad que hubiera dado su vida por ella, y que le mostraba una vida llena de fantasía y felicidad.

Una tarde subí como tantas veces las escaleras, venía a darle un beso y a contarle como me había ido...al abrir la puerta el olor a tabaco ya no estaba, su sillón estaba vacío y mi alma se quebró para no volverse a levantar nunca más. El viejo de la pipa había muerto y sin saberlo a mi me llevo con el. Porque la vida ya nunca volvió a ser de parchis ni palomitas, la vida se fue convirtiendo en un humo. 
 

Noelia Cerdán Rubio


 
Especial para Walter
(133 )

Marta abrió la puerta con cuidado, introdujo su nariz por la pequeña rendija y aspiró profundamente. Él no estaba en casa. Entró nerviosa, mirando hacia todas partes, como si fuera a ser descubierta en cualquier momento, ya eran las ocho, Walter no tardaría en llegar. Sacó del bolso el pequeño cofre. Aunque en la tienda de antigüedades se negó,  pensó que quizás hubiera sido mejor envolverlo, era demasiado evidente su contenido. Buscó papel de regalo, de ese que le había sobrado en otras ocasiones. Corazones, manchas de colores y muñequitos, ninguno le pareció apropiado para semejante joya. Era como introducir un Van Gogh en una bolsa de basura. Abrió el cofre y sonrió. Le había costado mucho conseguirla pero por fin la tenía, fina plata repujada, un diseño único y lo más importante, cientos de historias atesoradas en su interior. El anticuario le aseguró que había pertenecido a un importante escritor de la época, esa pipa había frecuentado las más prolíferas tertulias literarias de los años treinta. Estaba segura de que Walter, gran conocedor del tabaco, la pipa y su filosofía, alucinaría. De momento oyó la puerta. Sin más cerró el cofre y lo dejó con cuidado encima de la mesilla de noche. Salió a recibir a su amado, mientras respiraba por el pasillo un aroma dulce con un ligero toque de cereza. 
 

María Isabel Romero Soler


 



 

Todos dicen que se fue el abuelo (132 )
 

     Todos dicen que se fue el abuelo.

     Mamá con los ojos llorosos me dice que está en el cielo.  

     La abuela como ausente en una silla, dice que al fin descansa en paz.

     Los primos dicen que su cuerpo está bajo la tierra, que ellos vieron cómo lo enterraron.

     La tía Dolores dice que su alma está con Dios.

     Yo no les creo, sé que no se ha ido, está aquí, no descansa.

     Su voz está en el humo de la pipa, su risa eterna en el olor del tabaco.

     El brillo de su mirada en los ojos de mi padre cuando suelta lentamente, como en un suspiro, esa grande bocanada.

  Catarina ,México
 


Los desterrados (131 )

 

     Derrocaron al presidente y llegó el dictador con sus delirios monetaristas. Fue fácil quedarnos en la ruina. Tuvimos que vender todos los muebles para comer un par de meses. El abuelo fumaba con su pipa en un rincón, ajeno a la buena o mala suerte. La casa iba quedando vacía y el abuelo en su rincón fumando. Nos quedamos sin comida, pero sabíamos que no le podía faltar tabaco al abuelo. Un día, uno de mis hermanos dijo:

     _ Hay que vender la pipa del abuelo. Nos morimos de hambre.

     El resto de la familia lo acalló inmediatamente, desbaratado por esa especie de profanación.

     Nadie tenía trabajo y las tripas dolían. En enero, cuando ya los pasos resonaban en una casa deshabitada de objetos, decidimos cruzar la cordillera para probar suerte en Argentina. Llevamos al abuelo con nosotros. Nos instalamos en un valle, rodeados de la estepa patagónica. Nunca habíamos hecho labores de chacra, pero tuvimos que adaptarnos. El abuelo, tan triste como enfermo, nos miraba de lejos con su pipa en la boca, a la sombra de un manzano. Poco tiempo después, mientras nos consumía la nostalgia por nuestro suelo nativo, el abuelo, que ya nos venía acostumbrando a la distancia, falleció de una dolencia que no le hizo perder el sosiego.

      De la pipa acurrucada en un pliegue remendado de su camisa (de esa pipa que se convirtió en el único recuerdo que nos quedó de la patria) aún emergía el pacífico humo del tabaco.

 

Fumarola, Argentina
 


Lámpara de tierra (130 )
 

 
Las mañanas en Isla Negra, además de los paseos por la playa, las ocupó el  
poeta chileno Pablo Neruda a la composición de su poesía. Los textos —en  
tinta verde sobre papel cuadriculado— que nunca fueron reproducidos  
mecanográficamente por su secretario y amigo, Homero Arce, los despedazaba  
el propio Neruda en tiras, verso por verso, para después mezclarlos con su  
tabaco. 
 
En 2003, a treinta años de la desaparición del escritor, los esfuerzos en  
conjunto de una prestigiosa editorial española, lingüistas, grafólogos y  
otros varios especialistas en la reconstrucción de evidencia manuscrita  
rescataron cuarenta y siete poemas que no fueron alcanzados por la voraz  
pipa del poeta. Los mencionados textos integraron el primer volumen de la  
colección "Lámpara de tierra: Obras Completas de Pablo Neruda". 
 
El éxito comercial de este conjunto de libros se debió, en gran parte, a la  
impresión de los mismos en papel hecho a base de hojas de tabaco. Además de  
contar con un suajado  al margen de la encuadernación, las hojas eran  
fácilmente desmenuzables. La calidad y el sabor de estas ediciones  
satisficieron a los más exquisitos fumadores de pipa. La permanencia en el  
mercado de "Lámpara de tierra"  golpeó fuertemente las campañas contra el  
tabaquismo en Colombia, México y España durante todo 2004. Pero en general,  
la media de lectura per cápita aumentó notablemente en toda la hispanidad. 
 
 
Bruno Perseo Arredondo Estrada , Ciudad de México 


 


Diálogos sobresaalientes en la capilla (129 )
 

Al llegar a la Capilla Sextina de excursión, San Pedro y San Juan quedaron boquiabiertos admirando la escena del Juicio Final; se sintieron embelesados, igualmente, por el parecido con la realidad de sus dobles.

      -Miguel Ángel Buonarroti debía tener línea directa con el cielo para reflejarnos en sus frescos indefectiblemente  –dijo vanidoso un San Pedro que sacaba del embozo de su sábana una pipa de agua.

      -Se habría fumado algo…

San Pedro sonrió mesándose su sedosa barba blanca y luego aspiró de la  boquilla dorada con delectación; mientras tanto, un pensativo San Juan removía distraído con un cerillo el tabaco rubio de la cazoleta de su pipa…

     -Relájate, Juanito –esgrimió Pedro leyéndole el pensamiento-, sabes que al Nomber One no le importa que fumemos aquí; lo único que hace daño a los frescos es la masificación y llevan ya algunos siglos sin respetarlo -la voz cavernosa de Pedro retumbó con eco. San Juan asintió pensando que el Vaticano era la ciudad más rica del mundo; después, ladeando la cabeza, prendió el tabaco rubio de su pipa de ébano y lanzó una larga bocanada de humo; a continuación, vio los ojos luminosos de San Pedro, encendidos de admiración por la pintura. Oyó a San Pedro que sin mirarlo directamente a la cara volvía a hablarle: <<Juanito…, ¿sabes quién está prohibiendo el tabaco en la Tierra?>>

San Juan se encogió de hombros, torció los labios expulsando un hilillo de humo por la comisura, arqueó las cejas como un zangolotino, echó un traguito de una petaca, no contestó, pensó que era una pregunta retórica…

     -Los mismos poderosos que contaminan con sus vertidos tóxicos, los mismos que torturan con las brasas del cigarro, los mismos que disparan aleatoriamente con sus “pipas”, los mismos que meten “puros” descargando sus misiles…  Y prometo que habrá para ellos, si el Jefe con su bondad infinita lo cree justo, Juanito…, un Juicio Final.

     -Que el Maestro exalte la excelente idea po-nien-do-do no-ta-ta: un DIEZ –y un San Juan amante del brandy, relajado, bautizado de su particular humor, expelió otra de las generosas bocanadas del humo de la satisfacción. 
 

Ginés Mulero Caparrós 

 


 Amor clandestino (128 )
 
 Se amaban con pasión entre cenizas y humo, nadie recuerda bien desde  
cuando, tal vez desde siempre, (sólo el Tiempo lo sabe). Era un amor tan  
puro y tan intenso que terminó por levantar envidias: un soplo legal intentó  
apagar las ascuas que en el interior de la Pipa, tan sólo el Tabaco había  
sabido avivar. 
 Pero el amor no se puede prohibir y aún hoy, a pesar de la persecución a  
que son sometidos y siempre lejos de miradas hostiles y olfatos insidiosos,  
siguen encontrando en aquellos a los que llaman "Los Fumadores", la  
complicidad de quienes creen en el verdadero amor y la mano amiga necesaria  
para mantener viva su historia clandestina. 
 
Dingo
 
 
 
 


Fumador surrealista (127 )

(Negar perjudica gravemente su salud)

 

María Fernanda Ampuero


 

 Ceci n’est pas une pipe (126 )  

"Ceci n’est pas une pipe", aclaró.

"¿Ah no? ¿Y entonces qué es eso que tiene en la boca, un paraguas?", preguntó.

 

"Arte surrealista", respondió.

 

"Muy gracioso, muy gracioso. La multa es de mil euros y si sigue haciéndose el chistoso me lo llevo. Es su cuarta infracción en un mes", escupió.

 

"Ceci n’est pas une pipe!!!", exclamó.

 

"Va preso Magritte", concluyó.

 

"María" Ampuero


Sueño (125 )

Algo llamó mi atención entre aquella amalgama de objetos, papeles y demás enseres que se almacenaban sin orden ni concierto en el desván de aquella vieja casa.

Con sumo cuidado extraje del fondo de un arcón, una pipa de espuma de mar. Exquisitamente tallada, aparecía al final de la curva de la pipa, la cara de un sultán con todos los rasgos, incluida una barba rizada y muy poblada, adornando su frente con un turbante. De un blanco impoluto y rematada en plata por ambos extremos, tenía todo el aspecto de haber pertenecido a alguien de mi familia de hacía varias generaciones, pues yo no recordaba, hasta donde me llegaba la memoria, ni a mi padre ni a mi abuelo con una pipa semejante en sus manos.

De repente, y preso de un instinto incontrolable, coloqué la pipa en mis labios para sentir su tacto e incluso su aroma, aunque después de haberse pasado tanto tiempo olvidada en aquel baúl, dudaba que pudiese emanar algo de ella. Qué equivocado estaba. Rápidamente me sumí en otro mundo, perdiendo el sentido de la realidad para despertar en manos de un caballero elegantemente ataviado con un frac, sentado en un salón con una copa de coñac en la otra mano. Su olor dulce, como a vainilla, me embargaba y su sabor un poco acre, me recordaba a las especias y me acercaba al mundo oriental. Me sorprendí a mi mismo hablando con una bella mujer a la que le contaba las excelencias y el placer de fumar aquella maravillosa pipa turca.

Me desperté, al cerrarse de golpe una de las troneras de la buhardilla. Todavía notaba el sabor dulzón del tabaco de pipa en mi boca.
 

Paqui Perez
 
 
 
 
 
 


 
 
 

Enfermos esperanzados (124 )
 

Como en los días pasados, así como hoy y lo sería mañana, los órganos y músculos de un ser habitaban felices en sus posiciones, protegidos de los huesos, cubiertos por las pieles. Órganos felices como el Corazón limpiando la sangre que caía en ella y como una madre de casa limpiando a gusto para dejar las cosas sanas. Los hermanos Pulmones, que abrazados por la tráquea disfrutaban del aroma que les proveía el aire. El Estómago trabajador, que día a día separaba los nutritivos y vitaminas de los alimentos que le llegaban.

Pero un día, como si una maldición cayera sobre ellos, comenzó a inundar al cuerpo un aire gris y maléfico, los Pulmones se contaminaban de él y empezaban a enfermarse, el Corazón con mucho miedo notaba como prediciendo el futuro, caería sobre un ritmo cardíaco y dejaría de existir, y el Estómago, que no hacía más que recibir alimento chatarra y café siéndole difícil la tarea de separar y digerir. A mucho sufrir le preguntaron al viejo sabio del Cerebro que es lo que pasaba y porque se sentían tan mal, a lo que Cerebro respondió: - Es él, con el que nosotros compartimos este cuerpo, el que consumiendo tabaco, él mismo se destruye y nosotros con él. Porque es él, el que débil cae a la tentación y con la búsqueda del cigarrillo se va alejando de lo que antes tuvo. Sólo él, que comenzó esta aberración maldita puede abandonar esta adicción o bien hacerla parte de él y abandonarnos a nosotros.

Mr-Magic 

 


 

Vive para vivir o fuma (123 )

…la noticia de último momento: Los heridos siguen aumentando, las bajas superan las tres cifras en los últimos cuatro meses. Esta guerra parece no tener fin y los…

…él tenía tan solo catorce años y ahora desapareció, él era todo para mí, y ahora no está…¿que voy a hacer? ¿de que me sirve vivir ahora? Sin tan solo…

…lo conocía desde la secundaria pero ahora cambió, esta antisociable, supongo que fue esa cosa que le dieron de probar y ahora no se la puede sacar de la boca, me molesta que no lo pueda dejar como si…

…ahora tiene un aliento horrible y tose con flema, tiene las uñas, los dedos y hasta los dientes manchados, huele muy mal y hasta su hijo esta pasando su etapa y…

…él pensaba que esa pipa lo haría un ser importante y sabio, yendo de aquí para allá fumando y ahora su mejor amigo es el cáncer y desde entonces…

…la noto tensionada y ella misma me dice estar con estados de ansiedad, creo que es esa cosa que consume porque antes era una chica simpática, sociable y…

…a pesar que ahora no coma como antes tiene más grasa en la barriga, ese tabaco está hasta en sus venas, ya no quiere ni salir a caminar y siempre que se pone mal enciende esa asquerosidad yo no sé como puede hacer… 
 

El fumar es perjudicial para la salud, si queréis vivir hazlo sanamente pero si prefieres ser famoso y formar parte de este muro de penas…

Recuerda, nadie se droga cada 25 minutos, el fumador si.

Mr-Magic 

 



 

Humos de despedida (121)

Constanzo dejo el sombrero en el perchero de roble y marmolina estilo francés del rincón de la casa. Se sacó su sobretodo gris y lo colgó prolijamente. Camino lento rengueando de su pierna herida en la guerra teniendo que hacer un poco de ruido con sus zapatos lustrosos que se podía mirar uno el rostro en ellos. Se sentó en el gran sillón de la sala y enseguida llego ella. Gacela. Su fiel compañera de los días en soledad. Traía la bandeja de plata con el té humeante, el periódico prolijamente doblado, y la infaltable pipa con la caja de tabaco dorada que sus nietos le regalaron esta navidad.

Colocó la bandeja sobre la mesa vestida de verde musgo y le acercó la pipa, cuando la tomó espero silenciosa que Constanzo tomará el tabaco lentamente y encendiera la pipa en su ceremonial diario.

Nevaba. El chirrido de los leños era la melodía mas angelical en el frío invierno mendocino.

Ese olor a tabaco puro de pipa esta aún impregnado en toda la casa recordando esa tarde. La última tarde del abuelo Constanzo. 

Angelica Sonia Berrenechea (Argentina )

 


Esto es intolerable (120 )

Esto no puede ser, es intolerable. ¿A quién se le ha ocurrido semejante disparate? Estoy de acuerdo en que no pueda fumar en los hospitales, es lógico. Paso también por la prohibición en medios de transporte, incluso en lugares públicos como estaciones o supermercados. ¿Pero en el puesto de trabajo? No hombre, eso sí que no.  El lugar donde uno trabaja es sagrado, es su templo, su reino. Prohibirle a alguna persona hacer cualquier cosa en su reino es, como mínimo, un golpe de estado; máxime cuando se trata de vedar el placer de la ingestión de la exquisita mezcla de gases que produce la combustión de las hojas de esta planta. Seguro que el redactor de esta estúpida ley no ha sentido nunca el deleite de encender una pipa. Ver desde tu atalaya como la cazoleta, hecha volcán, entra en erupción. Escuchar los chasquidos que hacen las briznas más grandes al arder en el fuego que las purificará para siempre. Sentir el primer hálito que te proporciona tu fiel compañera y que hace callar la voz en tu interior que te decía: “enciende, calada, fuma, ¡fuma!”.

José hizo una pausa en su discurso, tomó el vaso old fashioned y dio un trago con el que aclarar su garganta. Al levantar la cabeza para beber se cruzó con las miradas de su esposa y los padres de los invitados a la fiesta de cumpleaños de su hijo, dándose cuenta en seguida de que todos estaban siguiendo su conversación con Alonso, el padre de Antoñito, en lugar de seguir con la charla que antes les ocupaba. Su esposa le habló:

Pero José, si tú llevas diez meses sin fumar, y… nunca fumaste en pipa.

Daniel Membrilla                                                                                                         



 
El Acuerdo  (119 )

La sala está totalmente repleta. Gente elegante conversa en grupos, muy bajito. A pesar del intenso calor que se sentía en la calle, aquí el frío se cuela hasta los huesos debido a la climatización. En el centro del local una mesa con dos sillas. Sin dudas, los presentes serán testigos de un gran acontecimiento. Al parecer no están apurados. No se ven impacientes. Disfrutan la estancia. 
 

Por fin, se rompe la inercia. La enorme puerta de madera tallada se abre para dar paso a dos hombres vestidos con trajes negros y sus comitivas.  Automáticamente la multitud les abre paso.  Les reconocen como los protagonistas de la velada. 
 

Cada personaje se acomoda en una silla de la mesa, les hacen llegar de inmediato sendos libros, que cada uno hojea, como si desconocieran el contenido de sus páginas, aunque tienen que haberlas repasado muchas veces antes de este encuentro. Al final estampan sus firmas. Se ha cerrado un acuerdo. Poco le importa a las personas que observan el contenido del documento, pues la mayoría asiste interesada en el cóctel  que se ofrecerá como colofón, sin embargo, se produce una cerrada ovación. 
 

Más, la representación no ha terminado. Tras la rúbrica, cada señor intercambia con parte del público. Ponen a prueba su distinción, su desenvoltura, su garbo. La lucha es bastante pareja hasta que uno de ellos, como quien propina un golpe bajo al contrario, saca su carta de triunfo, una pipa, que tras cargar con fina picadura de tabaco, agita acompasadamente hasta la boca con movimientos estudiados de su brazo. Ha sido una estocada mortal. Resulta, con derecho, el ganador absoluto de la contienda.  
 

Juan Carlos Moro, Cuba


 

Confesión  (118 )

 

- ¿ Por qué?.

 

- ¿ Por mi promiscuidad?, lo admito,  tuve multitud de amantes, escritores, artistas,   científicos, detectives... personas y personalidades, hombres y mujeres. A todos complací.

 

- ¿Pregúnteles?, ¡Jhon Ronald Reuel!, ¡Albert!, ¡Sherlock!, ¡Margarita Landi! ¿Dónde estáis?.

 

- Juntos engendramos musas, inspiración, creatividad. Concebimos teorías relativistas y resolvimos enigmas.

 

- ¿Por qué ya no me besan? ¿Por qué no acarician mi brezado cabello? ¿Es que ya nadie quiere inhalar el aromático placer de mis entrañas ?.

 

-¿De qué se me acusa?, ¿de hechicería?, ¿de embelesar los sentidos?, ¿desde cuándo seducir es pecado?. Quien se acerca a mi es por voluntad no por una compulsiva necesidad enfermiza. ¡No me vulgarice!.

 

- ¿ Por qué me persiguen? por participar en cálidas y humeantes tertulias. Soy una fugitiva, coacción y sanción me acosan.

 

- ¡Oficio rituales!, confieso ¿y qué?, ¿desde cuando la liturgia de la carga y la consagración del encendido son brujerías?.

 

- ¿ Por qué?...

 

Jose Lanao Dolset (Zaragoza)


La herencia  (117 )

La lenta neblina se levanta, como cada mañana, pausadamente. La lentitud de movimientos se va convirtiendo en ajetreo. Yo recuerdo, mientras casi todos deambulando en el poblado comienzan a encargarse en sus quehaceres, como siempre.

El brujo,  levantó su mirada de la raída estera en la que se encontraba sentado y, me miró de nuevo, intentando descifrar,  en el fondo de mis ojos,  la inquietud que despertaba en mí el momento.

Yo, no había podido dormir en toda la noche,  la vigilia pesaba entre mis parpados e intenté disimular el temblor de mi mano al acercarse, cuando me tendió la pipa, y con voz grave, me dijo lentamente:

- Es tuya, ahora te pertenece.

Extendí la mano torpemente, temblaba como una gaucamaya herida, observando como la sangre pulsaba entre los surcos de mis venas.

- No se si la merezco, respondí.

Todavía en ese instante,   mi yo dudaba  de ser merecedor de la carga que conllevaba poseerla.

Entonces susurro:

- La he preparado con el tabaco de los tiempos,   no dudes en aspirar el humo  de su sabiduría despacio, con el amor de la tierra madre que se ofrece.

La primera  bocanada fue de éxtasis, desde entonces no he vivido nada comparable.

Llegaron a  mi espíritu  cabalgando los jinetes de los tiempos, y sonaron en mi alma los tambores primitivos de la jungla. Hubo un  silencio sepulcral, más tarde, oí de nuevo a la vida en el  canto salvaje del  pájaro de fuego. 

 
Maria A. Muñiz N.
 
 


 

El sabor de cada una de mis pipas  (116 )

Colecciono pipas. Una de mis dulces extravagancias para poder admirar cercanamente objetos bellos.

 

No recuerdo bien cuando comencé a coleccionarlas,  y  creo,  no mentir mucho si digo,  que hace veinte años.  Esa pasión nueva llegó a mi,  quizá,  por la nostalgia del suave aroma que desprendía el tabaco dorado quemando en sus entrañas y, que me trasportaba a otros momentos,  a otros tiempos,  en  donde la alegría de mi vida subía  enardecida como el humo. ¡Quien sabe ya!... Quizá fuera sólo para tocarlas y al mismo tiempo descifrar el placer de manosear con insistencia,  mientras mi mente vagabundeaba entre ensoñaciones. Sea como fuere  las tengo muy presentes en mi vida. 

Siempre que puedo adquiero  una.

Voy a  tiendas de anticuarios,  me gusta saber que cada una tiene historia, sabor añejo; que unos labios la atenazaron en su día.  Sí, en el rutinario tic-tac del cotidiano día,  para tranquilizar al alma succionadora  más allá del tiempo y del espacio. Puede decirse que ojeo como un ave rapaz a mi futura presa, depositada,  casi  siempre,  entre varios objetos ya en desuso y,  mis ojos se enturbian o chispean,  cuando pido al anticuario que  saque de la vitrina a esa parlanchina del profundo mundo del  silencio.

Entonces  la pipa habla y me relata cada una de sus grietas: ¡Cuantos golpes de vida!; Despacio se exhibe ante mí y,  orgullosa,  me enseña sus sufridos  tatuajes como si fueran condecoraciones de una guerra. Se convierte en ese instante en mi aliada. La mimo, la protejo entre mis dedos  y,   táctil,  me cuenta sus batallas.

 

Amo a  todas, por distintas y  políticamente diferentes.  Y sé que fui,   hasta hoy,   a excepción del  adorado humo,    el más dulce  de todos  sus amores.

 

Airetara  (España)
 


 La teoría (115 )

            Hace unos cuarenta años, recién doctorado, cuando entré en el despacho del profesor, este estaba sentado en su escritorio. Su mano izquierda sujetaba en sus labios una pipa. Aunque hacia algunos años que se había prohibido definitivamente el tabaco y ya era imposible conseguirlo por ningún medio, él siempre llevaba consigo una de sus pipas. A veces la pipa asomaba en el bolsillo de su americana, otras la llevaba en la mano y la usaba como puntero en las explicaciones de sus clases. De vez en cuando se la llevaba a la boca y aspiraba, como si aún fumara. Una vez me hube sentado frente a él, me miro con sus ojillos divertidos, mientras, su amplio bigote se expandía acompañando su sonrisa. Aquel gesto tan suyo, junto con su pelo ensortijado, le confería, a pesar de la edad, un entrañable aspecto de niño travieso.  Sobre la mesa había una carpetilla de cuero atada con una cinta marrón. El la deslizó ofreciéndomela.

     - Mire usted, lo crea o no, desde que se prohibió el tabaco, no he sido capaz de plantear una sola ecuación más. Espero que usted continúe desarrollando La Teoría.—me dijo.

 

     ¡Tenga! Hoy, cuarenta años después, yo le ofrezco a usted la misma carpeta sin haber sido capaz de aportar ni un solo paso al desarrollo de La Teoría.”

 

J.M.R.G.  León

 

 

El rito (114 )

Muchas lunas antes de la aparición de Adán, nosotros parientes cercanos, nosotros parientes lejanos del Hombre, correteábamos por aquí en grupos. Cada uno de esos grupos – el nuestro presumía ser uno – tenía un macho dominante (el nuestro se llamaba Ozkur ), un tipo duro y de armas tomar.

Yo ( un tipo ordinario) tenía un buen amigo: “ Cara de Melón”, él era mi compañero de andanzas y de aventuras, él y un par  más de compañeros : V.. y J…

Cierto día Cara de Melón encontró algo a mitad de camino entre una rama y un tallo, algo que al cabo de un tiempo comenzamos a llevarnos a la boca (por imitación), y que frotándolo y frotándolo, conseguíamos calentar (a base de esfuerzo), a una temperatura tibia para la boca y caliente para el alma.

Ozkur, como macho alfa del grupo regulaba  las actividades del grupo y desechaba toda actividad que no tuviera un claro fin provechoso para el grupo (búsqueda de alimentos y agua, celo ante depredadores, etc.); con lo que tan pronto nos sorprendió con esta nueva actividad nos prohibió (en nuestro lenguaje – entiéndase: gruñidos y golpes-), esa actividad.

Por un período de tiempo continuamos con nuestro rito, haciéndolo secreto y a escondidas.

Eso, hasta que un día, inmersos en el placer que eso nos daba (y creyéndonos mas alejados de lo que realmente estábamos), llegó Ozkur y con él los gritos, el dolor de los golpes (al principio de él, luego ya de todo el resto del grupo), para luego el silencio.

Al cabo de (¿años?, ¿décadas?, ¿siglos?), un día de calor de verano, unos arqueólogos removieron un trozo de uno de mis huesos, cerca había otra parte de Cara de Melón y mas allá otra de V… y algo de J… Se marcharon alegres de encontrar parte de su pasado, parte de algo… Lo que nunca encontraron (porque había formado parte de la tierra como la mayoría de nuestros cuerpos), era esa “ramita” con la que hasta un día jugamos. 
   

Gurmensindo Báez Dequeira

 


 

El último deseo (113 )

 

 

El Hombre miró a su alrededor por última vez . La intensa luz en su rostro no lo dejó mirar hacia adelante, por lo que no pudo ver las caras de esos mudos testigos. Luego con sus manos temblorosas, pero tratando de disimularlo, comenzó el ritual de cargar su pipa. Aquel hombre de 60 años lo hacía con notable habilidad y sus curtidas y regordetas manos, que para otras tareas podrían ser muy torpes, dieron a esa delicada faena un nivel artístico sólo comparable al de un maestro llevando una pintura al lienzo.  Finalmente la parsimonia del sujeto terminó por destruir la paciencia de uno de los asistentes, quien rompió en cólera y poniéndose de pie emitió su reclamo:

-          ¡En este lugar está prohibido fumar!. Indicando hacia el famoso letrero colgado en una pared de la sala.

-          ¡Pero Sr. Juez!, es la última voluntad del condenado. Dijo el capitán del pelotón de fusilamiento.

-          No me interesa la voluntad de este delincuente, quiero que la ejecución se lleve a cabo ¡ya!

-          Estimado Sr. Juez, usted mejor que nadie sabe que mi muerte es inevitable; y mejor que nadie está seguro de mi inocencia, pero su histórico odio, envidia y resentimiento hacia mi familia, lo hicieron declararme culpable con la misma facilidad que fue eliminando uno a uno a mis seres queridos y apoderándose de nuestras propiedades. Todos los presentes lo saben, tanto los testigos, como los gendarmes que me apuntan con sus armas; pero el temor hacia vuestra diabólica persona no les permite expresarlo y ni siquiera pensarlo.- Encendiendo su pipa y dando una bocanada de humo, el condenado prosiguió, - Por lo tanto Sr. Juez, en vista de mi inocencia, el único motivo para mi ejecución, es estar disfrutando de mi tabaco preferido en un lugar  donde hay prohibición de eso.

-          ¡Capitán! le ordeno bajo pena que proceda con la ejecución. Con una furia que se dejó ver en el brillo de sus ojos.

El Capitán bajó su espada con un chasquido que cortó el aire y un estruendo sordo inundó el ambiente. Aquel hombre se dobló en dos con las manos en su estómago y el humo que salía de su pipa fue aspirado como el último influjo de vida hacia su cuerpo.  Finalmente el condenado quedó sentado con los brazos colgando, en aquella silla en donde falleció.

 

 

Rafael Palacios Díaz, Viña del Mar, Chile.


 

La prohibición (112 )

 

Don Pedro se sentó en su mesita de siempre para dos personas, aunque esta vez llegó solo. El joven mozo, que era nuevo en el bar del Club, le saludó y le tomó su orden.

- Buenas tardes señor. ¿Qué se va a servir?-. Tratando de ser lo más cortés posible.

- Buenas tardes, tráigame lo de siempre…un Rusty Nail -.Percatándose de lo novicio del mozo.

- Enseguida señor-. Saliendo presuroso aquel joven y perdiéndose en el fondo del bar.

Don Pedro abrió su porta pipa y sacó una preciosa pieza de colección que atesoraba hacía muchos años. Cargó el hornillo meticulosamente y se disponía a encenderla con un fósforo, instante en que fue interrumpido por el mismo mozo que no se supo de donde apareció.

- Señor, no está permitido fumar en este lugar -. En tono educado, pero enérgico.

- ¡Perdón!. ¿Qué fue lo que dijo? -.  Preguntó el anciano, mirando en forma molesta al mozo.

- Lo que pasa señor, es que no está permitido fumar debido a la nueva ley de prohibición.

Don Pedro calmadamente guardo la pipa y sus utensilios, luego miró a los ojos del mozo y le respondió: - Mire joven, aunque su cara me es muy familiar, me doy cuenta de que usted es nuevo aquí. Lo que no justifica su desconocimiento de que este Club fue fundado, muchos años antes de que usted naciera; para acoger justamente a fumadores de pipa. Le diré que la prohibición, si bien es una ley, sólo es comparable a la “Ley Seca” que tuvo Estados Unidos a comienzos del siglo XX. Situación que trajo consigo el contrabando de licor, su altísimo precio y la guerra de las mafias. ¿Sabe usted que esos fueron los años en que más se bebió en esa Nación?.  Ahora me doy cuenta joven, mire aquel cuadro detrás suyo, ahí estamos los socios fundadores de este Club, a mi izquierda están en orden el Jefe de Policía,  el Ministro de Salud, el Director de Impuestos, el Alcalde de la Ciudad; ah!, y por cierto joven, su difunto abuelo, uno de mis mejores amigos y el primer Presidente de nuestro querido Club.

 

Rafael Palacios Díaz, Viña del Mar, Chile.

 


 

Analogía  (111 )
 

Un grupo de personas miraba hacia un punto en lo alto, desde donde provenía el humo, acompañado de  ese inconfundible y peculiar aroma a tabaco. Cada uno tenía un deseo pero ellos vociferaban a coro: -  “¡Señor, Señor, ten piedad de nosotros!”- Uno clamaba por salud, otro por trabajo, otro por justicia y otro para recuperar un amor perdido. Alguien un poquitín más sabio pedía entendimiento, alguien más generoso pedía paz y bienestar para todos y uno mucho más osado solicitaba  todo un milagro.

 

El Señor los escuchó atentamente desde lo alto, aspiró su pipa con mayor rapidez, se echó hacia atrás en su cómodo sillón de cuero, desvió la vista hacia un lado y pensó: -“Debo darle un buen final a esta historia. Quizás debería añadir un par de tragedias para hacer el relato más emocionante. Mejor continuaré mañana, ahora tengo demasiado  sueño.”- Entonces este señor apagó su pipa, se paró del sillón y descansó.

 

Le comunico al lector que por motivos médicos esta historia no tuvo un final. La familia del señor, en concomitancia con el doctor, lo obligaron a alejarse de su pipa. Lo lamentable del asunto es que sin ella, él, no se podía inspirar. La pipa, su pequeña compañera, lo ayudaba a crear, lo hacia soñar, lo llenaba de vida.

 

Desde entonces, aquel grupo de personas de la historia sin final, tal como tú y tal como yo, pupulan por el mundo con un futuro incierto en busca de su autor, suplicándole un destino mejor .

 

Por eso tú, el de pipa,  tú todopoderoso que puedes manejar vidas a tu antojo,  llevando y trayendo seres desde y hacia otras dimensiones; atiende las voces de los entes que se despiertan con el aroma de un buen tabaco. Tampoco dejes nada en el tintero  ni permitas que se te vayan los humos a la cabeza. No sea cosa  que te separen de tu pipa y quede al descubierto, como en el relato aquí narrado, una popular analogía; la que espero, no te ofenda:  “Hasta ahora no hay consenso, si fue primero el huevo o la gallina. Bueno, sé cauto, pues, tampoco se sabe, a ciencia cierta, si  primero estaba tu pipa o tu talento.”

 

Consuelo Martinez 


 

Ceremónia  (110 )

Huake miró con ojos tristes el escaso humo que surgía de la leña encendida en el piso desparejo de su kau.  El de su pipa formaba volutas caprichosas empeñadas en volver a la cazoleta, hasta que una bocanada las empujaba hacia arriba.

Huake, el último cacique de la tribu aónikenk de Camusu Aike en la Patagonia, sabía que había llegado el momento. Lejos estaban los tiempos en que la paz era sellada fumando. Esta vez sería distinto. A esa tribu no le importaba la ceremonia, ni la pipa. Ese día no hubo tabaco… habían prohibido la paz. Añoró el festejo de otrora danzando y cantando mientras Keingueinken alumbraba la noche. Aspiró profundamente hasta que le dolieron los pulmones y bebió un largo trago de alcohol de caña. Desde afuera, los rumores gringos lastimaron sus oídos. Un llanto de ishé le indicó que debía levantarse. Como en un ritual, aplastó el tabaco con el pulgar ahogando las hebras encendidas y acostó la pipa al lado de su arco.  Luego se acercó a la entrada del kau. El uniforme lo empujó hacia el carro. El fusil, hacia la eternidad.

Sheuen brillaba allá arriba, hacia donde seguramente iba

Daniel Hugo Leto (Rosario – Argentina)

                                                                             

Glosario:

 Kau: vivienda. Keingueinken: luna. Ishé: mujer. Sheuen: sol

 

Daniel Leto , Argentina

 

   


 

 Meciéndome (109 )

 

Tenía quince años, era invierno y hacía mucho frío, la leña ardía con fuerza en la chimenea, las baldosas verdes de esa habitación estaban empapadas de un sudor extraño. Había una mecedora vieja que estaba arrumbada, siempre la había visto allí, nadie se atrevía a tirarla, pero tampoco a usarla, era extraña, particularmente le tenía odio.

Sonó el timbre de la casa y mi madre corrió a abrir, era un tío abuelo que casi nunca había visto. Se sentaron alrededor de la chimenea y empezaron a conversar, el señor se desabrocho el abrigo y saco una pipa que pacientemente cargo. Una tos ronca salió de sus bronquios, antes de empezar a encender el tabaco. Un olor que creía que nunca había experimentado empezó a embriagar la habitación, en ese instante me sumergí en el tiempo; estaba en la misma habitación y un hombre al cuál solo había visto en fotos me estaba meciendo sobre sus rodillas, fumaba una pipa que recordaba haber visto en algún lugar y estaba entonando una canción que me sonaba familiar, era mi abuelo. Había muerto cuando contaba dos años.

 Luis Capó

  


Un mundo para la razón y la realidad (108 )

 El mundo no es mas que la creación conceptual de una mente que decide entenderlo como el conjunto de formas bañadas por la luz….la luz de un mundo que se desnuda ante la vista  del observador y que susurra al oído agudo del estudioso, mientras descifra lo que esconden las formas en las porciones de las mismas, que se disimulan a la mirada vigilante de la iluminación diurna, así transcurren los días de gloria del conocimiento…. Y en un segundo sucede lo inevitable, la inseguridad acerca de lo poco que se sabe sobre la existencia propia y el sentido del ser, hace que se olvide que  tan maravilloso realmente es ser…las razones desaparecen y las masas se enfurecen en medio del ímpetu de la ignorancia que yace en la creencia ciega de aquel que convence sin saber y busca la destrucción de aquello que jamás ha conocido por cuenta propia…..y que queda?.....nada mas que conjuntos de formas que se desnudan ante la vista del observador y que arremeten contra el;  inútilmente, por que el observador sabe que la tradición que yace en su mano derecha, ha nacido para morir quemada como las brujas pero que como ellas perdurara en el tiempo dando el aroma característico de la historia que se dispersa en el ambiente  haciéndose arte en la intimidad del pensamiento del pipa fumador que observa y ríe de aquellos que solo se deican a morir lentamente en ves de vivir mientras se puede.

 Andres Varon

 


El alcance del progreso (107 )

Un sonido estridente me despierta, sacandome del reino que no queria
abandonar, la mano coge con fuerza aquello que animos me da para continuar
un dia mas.
Su suave tacto es estremecedor, lineas finas talladas por un artista que ya
pececio se debaten en la mano, y queda ahogada por el tabaco.
El fuego que da muerte es el principio de la relajación, y me levanto
pesadamente, recordando con nostalgia mi reino.
Abandono mi vieja casa, recorro calles que conozco de sobras, caras que se
pierden entre la marea, y me detengo para observar un letrero, un letrero
que pronostica una posible muerte, una muerte mas horrible de la que pueda
imaginar.
Miro al cielo, una espesa nube negra cubre el sol, pero no trae a la lluvia
o al trueno, si no que su nacimiento se debe al progreso.
Una sutil sonrisa recorre mi rostro, pienso defraudo en males que son
aceptados, me muevo, y espero a que me alcance el progreso.

Alejo Rius Cortes


 

Todos a la cárcel (106 )

 

El anciano se levantó lentamente de su sillón. La luz azulada de la farola comenzaba a entrar de forma tenue por la ventana de salón. Como cada día, cogió la gabardina y  salió de su casa con el pretexto de dar un paseo.

 

Salió del portal y se dirigió con paso acelerado hacia el callejón situado en la parte trasera del parque. Se detuvo justo a la entrada de la callejuela donde las farolas rotas aseguraban la necesaria oscuridad. Los cristales rotos en el suelo y la abundante basura le recordaban que estaba en la parte de la ciudad que no se enseña a los turistas. Una demacrada prostituta lo observaba con curiosidad desde la esquina. Respiró hondo y comenzó a caminar lentamente; dejó detrás la triste imagen de dos chavales jóvenes compartiendo una desgastada jeringuilla, junto a otro que esnifaba sobre un cristal. Un tipo bajito de aspecto desgarvado contaba los billetes de una cartera que minutos antes había sustraído en el parque, aún llevaba la navaja abierta en la mano derecha.

 

Se acercó al contenedor de la basura y tras mirar a su alrededor reflejando la angusatia en su rostro, se ocultó tras de él. Introdujo una mano en el gabán y sacó una bolsa de papel arrugada, donde ocultaba en su interior una flamante pipa curva cargada de un tabaco algo seco, que dejó en la bolsa un ligero aroma a latakia. La encendió lentamente cerrando los ojos al aspirar, sentía como el aroma y el sabor de aquel tabaco le rejuvenecían varios años. Durante algunos minutos permaneció perdido en los recuerdos, meditabundo, entre golpes de humo no alcanzaba a comprender la idiotez humana.

 

De pronto se hizo un silencio sepulcral, roto por la estridente sonoridad de las sirenas policiales.  Levantó la cabeza y soltó una bocanada de humo. Se había quedado solo en aquel antro, todos habían desaparecido con la experiencia que les daba saberse unos proscritos. Giró la cabeza a derecha e izquierda y un sudor frío recorrió su cuerpo. Varios uniformados de antidisturbio salieron de los dos coches de la policía que taponaban las salidas.

 

Encajó la pipa en su boca y aspiró suavemente. Sabía que podía ser la última vez. La mirada de repulsión de los guindillas no dejaba lugar a dudas, era una redada, esta vez lo habían pillado.

 

Fernando

 


 

Dulce compañía (105 )

 

Aquel canoso hombre, que miraba el atardecer, sentado en la cubierta del barco más grande que había llegado al puerto, pasaba inadvertido ante el movimiento de los estibadores y todas aquellas personas que tenían una misión a bordo. Al caer la noche un suave olor a tabaco se confundía entre el olor a brisa marina y el oxido del barco.  Las actividades a bordo no cesaban y aquel hombre impávido, parecía ya haber zarpado, con su mirada al infinito y tras largas bocanadas de su interminable pipa, parecía ser dueño del tiempo y de la vida, no estaba en su mente pensar el daño que se hacía,  ni siquiera la ronca tos, removía su conciencia, quizás, tenía sus razones; los recuerdo lo sacudían, su familia lejos, la enfermedad de su madre y un triste suicidio de su retoño, que más podía cobrarse el destino, de aquel lúgubre hombre, el cual en su interior encontraba la paz de la experiencia, la sabiduría de toda una vida dedicada a andar por los caminos del mar; el aroma a tabaco perfumaba esa postal, hasta las gaviotas nocturnas, bohemias y sin hogar, llegaban atraídas por el humo fugitivo que salía de aquella aromática pipa, al vaivén de las horas y el largo esperar, fumaba y fumaba.   De pronto la calma se adueñó de la cubierta, todo el personal se retiró a descansar y el tabaco de aquella pipa llegaba a su final; el hombre canoso se puso de pie, acercándose a la proa, la separó en dos, soplando con fuerza tiró los restos  al mar, guardó su reliquia en un bolsillo de su chaqueta, la inspiradora compañía dejaba de humear, siguiendo su paso cansino el hombre se dirigió al interior, desde la guardia nocturna se escuchó un grito: “buenas noches Capitán”.   

 

Rodrigo Latorre Mosjos, Chile  

 


 

Menos humos, nena ( 104 ) 

Montse estaba hasta los pelos de los sobacos de mí y de mis humos, de mi olor nicotínico, de mi eterna carraspera. Vengativa y mordaz como una barracuda en celo, se subió en la ventisca furibunda del odio y me tiró la colección de pipas que heredé de mi padre al mismísimo fondo de la basura... ahí, donde más duele.

Con paciencia de pescador, metí mano entre el espagueti tieso, el oso buco Alfredo, los Tampax cargaditos y la borra del café colombiano. Heroico, las rescaté una a una. Hijas mías, queridas, lindas, dueñas de mi alma maltrecha, de mis pulmones negros, de mis sueños resquebrajados, de mi corazón desconsolado, de mi callada y humeante sinrazón. Montse, interesadota, quiso “volver”. Me cantó el tango. Yo, reflexivo, me animé a fumarle mi descontento en la cara. En un par de soplidos leoninos de ambos lados, se armó la de San Quintín. Ella gritó cáncer; yo le espeté mierda. Con las peras puestas a cuarto, ella me dijo que a fumar a la puta calle. En dos segundos me hizo la maleta y el material más pesado lo largó directamente por la ventana. Qué humillación, qué fascismo, qué malos modos tan cuartelarios. Los vecinos, pérfidos, reían como hienas al verme recoger mis efectos más personales regados de mala manera por el jardincillo que muere reseco en la entrada del edificio donde residimos, aquí, en Santa Mónica, California. En los restaurantes no puedo fumar, en los bares tampoco. Seré victima de la calle. Digno, me fundiré, me extinguiré entre el humo de los 4x4... con el perro fiel a mi lado, las tarjetas de crédito en el bolsillo y los ahorros en el banco a mi nombre. Al despedirme con un golpe de mangas le grité a Montse: Menos humos, nena. 

Juan Pablo León , Francia

 


 

Solitario ( 103 ) 

Volví a ver a mi padre, muerto en la dictadura.Por fin me atrevía a volver al sitio donde se le vio por última vez, no existío una carta , una llamado , ni un cadaver, solo se encontró su vieja y fina pipa, y un charco de sangre en su casa de campo.Por fin me atrevo a ver pasar por mi mente tantos momentos en que solos estabamos.Tomo su pipa , la huelo , la auscuto, mis ojos se llenan de lágrimas , mientras recuerdo  sus palabras" este vicio es solo mio, quizás me mate algún día".Lo más irisorio es que lo mataron sus compatriotas, los mismos que olvidaron llevarse la vieja y fina pipa de mi padre.

Juncal


El cuadro de Marisa ( 102 ) 

Como cada tarde se dirigía a casa después de una larga jornada de trabajo. Ya empezaba a hacer frío. Oscurecía más temprano. La gente se quedaba mas en casa. Los días parecían mas tristes.  Y los ánimos de Marisa se esfumaban como ya habría hecho el verano.

En todo este cuadro gris aun cabía la imagen de una ambulancia que parecía volar por la carretera en su  misma dirección.

Antes cuando vivía con sus padres y  hermanos cuando  se cruzaba con una ambulancia o los bomberos... siempre padecía que no hubiera pasado algo en casa. Pero ahora no hacia falta pensar en eso.  Hacia dos años que se había independizado y la casa de sus parientes quedaba varios kilómetros de ahí. Nadie la esperaba en casa.

 

A los pocos metros de su portal las vecinas se abalanzaron sobre ella para contarle de la  desgracia que había sucedido minutos antes. Un vecino de la calle había muerto atropellado al cruzar la carretera por un conductor en estado de embriaguez y éste fallecía poco después.

El viejo vecino en cuestión resultó ser el marido de la señora Braulia, ni siquiera recordaba su nombre. No era muy hablador. Lo solía ver cada noche cuando se asomaba a la ventana a fumar un cigarrillo antes de acostarse. Lo veía recostado en su sofá marrón oscuro, fumando con su pipa negra, mirando la televisión o sino observando su propio humo como el mas entretenido de los documentales.

los dos fumaban a la vez. Ella su cigarrillo rubio y el su pipa negra.  Ella mirando la ventana como si de un cuadro se tratara y el sin la mas mínima sospecha de ser observado.

Se podría decir que el viejo y su pipa ya eran parte del decorado de su vida. Era la última imagen con la que se acostaba muchas noches.

Esa noche al salir a fumar su primera mirada se dirigió a la ventana donde el viejo se sentaba en su sillón  y solía fumar en su pipa y ver la televisión, pero en su lugar estaba una mujer con el pelo blanco y un vestido negro. Sonriendo vagamente a la vez que llorando mientras acariciaba con torpes manos, un pipa negra.

Empezó a llover. Tímidamente el agua iba acariciando el suelo gris como las lágrimas de Braulia iban acariciando sus mejillas. La mujer cerró la ventana y nunca más se volvería a abrir, desapareciendo así una pequeña parte del cuadro de la vida de Marisa. 

Merche M.P (Barcelona, España)


 

Desde la otra orilla ( 101 ) 

Desde la otra orilla del rio, te veo, tan lejos, difuminado, no te conozco, es como si fueses un extraño. 

Te miro, queriendo encontrar en ti, algo conocido que me haga recordar quien eres, pero no lo encuentro. 

Estoy ahí parada mirando el rio, cada vez que te miro mas te difuminas y llego a confundir tu figura con los árboles, con el agua, con el cielo. 

Te vas alejando de mi y sin embargo estas ahí, no te veo pero te huelo, el humo te envuelve y un olor inconfundible llega hasta mi. 

Desde la otra orilla del rio, te miro, te quiero, aunque te parezca imposible, te quiero, tanto, que se me rompe el corazón al ver como te desdibujas, como te hundes y te confundes con el aire, con el agua, pues a través de mis lagrimas ya no puedo verte, tan solo sentirte, olerte y al recordar por fin quien eres, es tanta la angustía de no poder estar a tu lado, que se parte el alma. 

Desde la otra orilla del rio, te miro y al ver la inconfundible pipa en tu boca, todos los recuerdos me viene a la mente y  solo deseo cruzar el río como sea, incluso volando en el humo de tu pipa, para poder volver a sentir tus labios en mi boca, para respirar ese aroma que me hacía perder los sentidos, para envuelta en tu humo volverme loca de nuevo por ti amado mio. 

Ana F. Faya

 


La Pipa de Offset ( 100 ) 

 

En una de aquellas enciclopedias que se contaron entre las primeras impresas a color, descubrí la fotografía de una pipa inca; labrada en madera, con la cazoleta de base trapezoidal, policromada según el uso artesano de la época. No recuerdo qué volumen ni qué enciclopedia. Pero sí que la consulté en Lalín.

          Los incas llamaron sairy al tabaco; término que también se usó como antroponímico, para designar a los varones de más rancia alcurnia; y era entendida entonces la palabra Sairy como Noble y Protector. Por aquella época, el tabaco se sembraba disperso entre los cultivos; pues debido al DDT que contiene, espanta los insectos del entorno.

          Advirtiendo el comportamiento de la planta de tabaco, los incas dedujeron que tenía un ánima bondadosa, la de un anciano de raigambre ancestral. No he visto ninguna otra pipa inca, pese a que hace más de veinte años que estudio las civilizaciones andinas. Estaba de paso por la Biblioteca Municipal de Lalín, y no tomé nota alguna. Sabía que los aborígenes esnifaban tabaco en polvo, mas no que fumaran. Algunos virreyes lo impusieron como moda de la alta sociedad; y así llegó a París donde se le llamó rapé.

           Imagino que los poseedores de la pipa inca no habrán estudiado su contenido. Por el contrario, hace unos años se analizaron las cenizas de la pipa de William Shakespeare, desvelando que el genio fumaba marihuana.

          Pensaban aquellos indígenas, que si el tabaco tiene un ánima anciana y sabia; la marihuana en cambio, guarda un espíritu infantil y lúdico. No sé qué fumaban los soberanos cuzqueños. Pero en estos tiempos de inquisidores renacidos, me inclino a creer que se decantaron por la marihuana para divertirse, y por el tabaco para pensar.

 

Sayri Thupa

                       


Mi jefe: el coleccionista ( 99 ) 

Quedé sin trabajo producto de no haberle regalado la pipa que tanto añoraba mi jefe.El un maniatico de las colecciones , las añoraba a todas, las deseaba tanto como deseaba las piernas de su secretaria.Todos las navidades jugabamos a intercambiar regalos y todos los años todos trataban de congratularse con el jefe, regalandole , las famosas pipas, el las atesoraba en un hermoso estante cromado con plaqué y broncé.Ese año y pensando en la salud de mi jefe pensé en regalarle otra cosa, un libro de poemas...era más ...culto, sin embargo al repartir los obsequios y abrir el mio , me miró con una cara desafiante , que a todos inundó de terror.Y acá estoy buscando trabajo en un diario... sin jefe y sin dinero, todo por una fina y obsesiva pipa.-

Juncal


 

La pipa y Leonor ( 98 ) 

La primera vez que la ví fué en mi la visita a su apartamiento. Me facinó verla en su caja negra enlacada japonesa. Estaba dentro encajaba en la endija hecha especialmente para conte -nerla exactamente a su forma, el material era de terciopelo color violeta claro y al verla sentí ese impulso de tocarla, tenerla entre mis manos. El fumar me recordó a mi padre y a  tia Marujita que tambien andaba en mis recuerdos con una pipa especialmente hecha para ella. Los dos ahora muertos sin pul -mones por enfisema. Leonor me sacó de mis recuerdos y con un gesto muy rápido cerró la caja y la pipa desapareció de mi vista. ¿Te gusta? Si, se ve hermosa, le dije. No sabìa que fumaras! terminé diciendo. Ella rió, se acercó a mi y me besó en el cuello. Terminamos juntos disfrutando de nuestros cuer -pos y cuando desperté. Vi que ella volvía del baño desnuda, el sol y agua en su cuerpo se regaban en su piel color tabaco. Era hermosa y más con esa satisfación que me había colmado. Tomó la caja negra y la metió en un armario, volvió a la cama diciendo: Ahora que te tengo, creo que no voy  a usarla más. Se tendió sobre mí, riendo me dijo algo. Y nos amamos.     

Elisabeth Zehetner


 

Una pipa llamada Paz ( 97 )  

Simultáneamente al humo que despide su conducto, veo a través de este a un Guevara y un Hemingway. El primero, allá en la Higuera, momentos antes de su último combate, meditando a cerca del plan. Al segundo, sentado en la bahía bautizada con su propio nombre, esperando algún pescador, objetivo para un posible relato.

 

Pero ahora parece que ya nadie se acuerda de cómo se utiliza la pipa, el fumador de tabaco rubio hace ascos al tabaco de pipa oler. Quizás por envidia a su elegancia, o por que no fue un cigarrillo el que apareció en el primer collage de Picasso.

 

A esta se le atribuye y asocia con la vejez, la soledad o a ese ser reprimido que está allá abajo en la esquina del bar leyendo, fumando y escribiendo. Ojalá el esfuerzo de los jefes indios americanos hubiese servido para algo, más si no fue en vano, la paz hoy en día no se recuerda ni fumando la pipa de la paz ni firmando un tratado.

 

Son los mismos, aquellos que se negaron y no negociaron, los que de humo de coches e industrias nos llenaron, los que dicen que el humo de nuestra pipa molesta y perjudica seriamente a la salud. En mis pensares aún reside una  utópica esperanza en la que espero que algún día,  al encender la próxima carga de mi pipa, pueda llegar a visualizar a través de la cortina del despedido humo, un mundo futuro como el que nos ofrecían entonces aquellos sabios jefes de las ya desaparecidas tribus Americanas. 

J. Zafra

 

 


Recordando ( 96 ) 

 

Mirando la luna reflejada en el támesis, recluído en esta torre. Rememoro acontecimientos de vida. Combates junto a Hugonote, la fundación de nuestra primera colonia en norteamérica, el honor de ser nombrado caballero.

Sentado, fumando mi pipa, me pregunto por cuantos de estas hazañas seré en un futuro recordado. Quizás por mis escritos o por fin mi búsqueda del dorado tenga éxito.

Mi nombre es Walter Raleigh, y quien lea esta carta que se pregunte, ¿qué hize para tener el orgullo de ser recordado?.

Londres, 1614.

Rebeca  

 


Papel de pipa ( 95 ) 

 

¿Dónde has puesto las escrituras abuela?, Decían a Doña Catalina sus nietos después de haber asistido al entierro del abuelo.

Doña Catalina los castigaba con el silencio mientras mirando a través de la ventana de su mansión, recordaba aquellas tardes en las que junto al abuelo se decían: ¿Te imaginas cuando tengamos nietos? Mientras fumaban juntos de una misma pipa, contenedora ceremoniosa de las fragancias que se habían quedado en Cuba y que sólo revivían cuando abrían el saquito de tabaco que su marido embarcó cuando tuvieron que dejar la tierra que les vio nacer para volver a la Barcelona que habían dejado sus padres.

Aquel día para Doña Catalina la pipa no sabía como entonces, ese día sabía a decepción y a riqueza, quizás también un poco a herencias, a papel, con un ligero toque de justicia.

 

Manuel Armayones Ruiz

 


Junto a ti ( 94 ) 

Salí a caminar por el sendero, ese mismo que vio nacer nuestro amor.Hoy ya casi terminando mi vida, me doy cuenta que mi medico tenía razón" en un tiempo más , deja tu pipa , ya que tus pulmones te pasarán la cuenta" y así fue , estoy acá tratando de subir el sendero , ese que me vio nacer y que hoy cobra con cada gota de respiración y sudor.

Juncal


 

Las treinta horas del genio ( 93 ) 

     Albert Einstein estuvo treinta horas en La Habana en Diciembre de 1930 y se fumó seis pipas del afamado tabaco negro de Vuelta Abajo. Esa tarde, en respuesta a una velada crítica que le hiciera en alemán uno de los presentes por fumar en la sala magistral de la Academia de Ciencias, Físicas y Naturales de La Habana y la Sociedad Geográfica de Cuba –lugar donde le rendían homenaje–, respondió sin tapujo alguno que él era un hombre tan común e imperfecto como cualquier otro. Miró a su interlocutor y en su imperfecto español le dijo:

     – Fumar en pipa me predispone a juzgar con calma y objetividad mis otros actos humanos. Además, el humo me ayuda a descubrir los secretos del universo.

Veinticinco años antes, Einstein había publicado una de sus teorías donde explicaba como las moléculas de un gas se encuentran en constante movimiento aleatorio y que a menor tamaño y viscosidad de las moléculas, su movimiento se acelera. Cada vez que fumaba su pipa, validaba su teoría en los movimientos espirales del humo expulsado por su boca.

     A su regreso al vapor Belgenland, Einstein recorrió algunas calles de la ciudad y en una de sus esquinas se fijó en un pordiosero negro que mascaba y escupía los residuos de un tabaco de mala muerte. En su diario personal, el genio anotó: La Habana , clubes lujosos al lado de una pobreza atroz que afecta principalmente a las personas de color. Si no fuera por el tabaco...

Marcio Estrada,Manzanillo , Cuba


 

La reunión ( 92 ) 

Un nuevo inquilino asistía a la reunión anual de vecinos celebrada en el portal del edificio. Procedía de un poblado de algún lugar de américa y no entendía ni una palabra de nuestro idioma, pero pensó que era una buena manera de integrarse. Una vecina inició la reunión gritando muy airada "No hay derecho… Aquí ya no se respeta nada…" A los cinco minutos de sonidos varios el resto descubrió que hablaba sobre los fumadores  "…que la gente entra fumando en el pasillo y después no hay quien pase, y no hablemos ya de si entra en el ascensor, ¡eso es para asfixiarse!". El nuevo inquilino permanecía inmóvil en un rincón, atento a los gestos, convencido que se estaba tratando un tema vital para la comunidad por el tono empleado. Otro vecino, fumador, quiso tranquilizarla con buenas palabras, pero la señora no atendía a razones, estaba empecinada en que se debía prohibir fumar en el edificio. El vecino conciliador le contestó que no era necesario llegar a tales límites, a las prohibiciones, que hablando podrían entenderse. El nuevo inquilino seguía observando silencioso desde su rincón, mirando a cada uno cuando hablaba. Al final parece que llegaron a algún tipo de acuerdo y se dieron la mano. El nuevo inquilino sonrió, las palabras siempre solucionan los problemas. Se levantó y empezó un pequeño discurso sobre la harmonía del grupo, que nadie entendió. Cuando concluyó mostró un extraño objeto alargado, de madera. Encendió un extremo y aspiró profundamente por el otro, exhalando una larga bocanada de humo. Volvió a sonreír y le entregó su pipa de la paz a la persona que tenía a su lado.

Francesc Sisteré Recasens

 


 

Mala racha ( 91 ) 

 A finales de diciembre,  los vértigos de Joaquín se certificaron en una grave lesión cerebral que lo dejó en silencio definitivo sobre el lecho de su cama. Durante el entierro, Francisco se encendió una buena pipa mientras despedía con los ojos a su amigo, que ya se lo llevaban encajado. Aquel humo arbóreo y robusto como la cubierta de un barco le pareció eficaz para cruzar las tempestades que sentía dentro, y ahondó las bocanadas por tal de notar mejor el ardor de los labios, el calor del pecho, y en resumen el ánimo que aún le calentaba a pesar de las lágrimas que se le iban cayendo.

Cinco meses después, Samuel, el más calavera de todos ellos, no supo o no pudo ver los tumbos que llevaba dando el coche de detrás desde hacía un rato. En una maniobra infernal, que rompió el silencio de la noche con chirridos y ruido de cristales, su moto se vio arrollada por aquel conductor embriagado. La penosa luz de una sala de urgencias tuvo que ser el escenario de una nueva noticia trágica. Mientras los demás se lamentaban adentro, Francisco prefirió salir afuera, y encenderse la pipa entre el vaivén de las ambulancias que se iban a recoger más peligros. Y oyendo aquellas bocinas de urgencia, y aquellos llantos, sintió como el humo caldeado en su boca le daba un peso en el suelo, y la roja lumbre del tabaco quemado, un lugar en mitad de las sombras de la madrugada.

Aquella infausta cadena se cerró con Pedro: un brutal ataque partió su corazón en mitad de la calle, una mañana de enero. Esta vez Francisco optó no asistir al último encuentro, y se quedó sentado en una pequeña butaca que tenía en casa, recordando a sus tres amigos, leyendo una macabra advertencia del paquete de tabaco, mientras saboreaba una pipa acogedora como un abrazo, y pensaba en cómo aquel artilugio insano, en momentos de muerte, a él le daba vida.

Carlos Quesada Casado                                                                                 


Aeropuerto ( 90 )

La azafata me miraba a veces, como si yo tuviese la intención de encender mi amada pipa.Claro, ganas no me faltaban, pero como el vuelo no sería demasiado largo, me limité a juguetear con la curtida madera entre mis manos, alguna vez entre mis labios ansiosos. En el bolsillo de mi chaqueta estaba la tabaquera de cuero y el encendedor, un Prince Pipette. Recuerdo haber sacado una hebra de delicioso tabaco y amasarla suavemente entre mis dedos, llevarla hasta la nariz y apreciar la sinfonía de notas que componían su perfume casi inabarcable. Al llegar a Luxemburgo quise celebrar la ocasión fumando una buena pipa, pero no hallé un lugar sensible a las necesidades de los grandes placeres de la vida: En ningún sitio se podía. En ese momento, alguien me tocó el hombro. La azafata, que era nativa de ese país. No le costó muchos segundos convencerme de que la acompañara, pero recuerdo con especial ternura la disculpa que me ofreció por mirarme en forma amenazante. Como me sobraba el tiempo, accedí. Llegamos a su casa, una gran finca en las afueras de la capital, y para mi sorpresa, lo primero que hizo fue presentarme a su padre. Deportivamente acepté la pequeña broma de la vida, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando el buen señor Bergier me invitó a pasar a su sala de fumar. Incontables pipas, compañeros, incontables y bellísimas pipas de todas las épocas, con finísimas tabaqueras olorosas. Un excelente cognac estimuló la charla, a la que se sumó luego la muchacha, y el humo siguió elevándose hasta la tarde. Como verán, el tiempo se fue sin sentirlo, y luego no pude resistir la tentación de unirme a Ingrid y de hacerme amigo de su padre. Pero les prometo visitarlos pronto, cuando regrese a la patria, y contarles otros detalles de mi vida en el que hoy es mi nuevo hogar.

Carlos Burre, Argentina


La pipa de Astria ( 89 )

Cuentan los sabios de los pueblos del Norte que hacia el siglo VII antes de nuestra Era, había una región a la que sus nativos llamaban Astria, y sus pocos vecinos sólo atinaron a bautizarla como el Gran Desierto. En realidad, la identidad de Astria se fundaba en la producción de un tabaco azul, que era fumado en pipas de raíz de neem. Esta suntuosa madera era intercambiada con otros pueblos amigos por frutos de la tierra y por una cantidad no determinada de historias que sus ancianos contaban, escuchadas (y luego reproducidas con fervor) por los mercaderes. Pero no el tabaco azul. Ese tabaco era un producto sagrado, ritual, que sólo sus maestros fumaban para contactar a sus dioses, acaso para establecer una conexión universal con su Mismidad. Como sea, la historia -ingrata niveladora de todas las naciones- sumió a Astria entre las arenas del desierto y las del olvido, y ningún vestigio logró sobrevivir. Hasta que recibí mi grado de Arqueólogo, señor Botlin. Hasta que encontré esta pipa, ésta misma, luego de 26 años de búsqueda, en la tumba de Monasis, uno de sus grandes sacerdotes. Y junto a este... muy, pero muy pequeño paquete de tabaco azul, ambos grandemente conservados por el clima de la región. Ah, el precio, claro... No es excesivo... No, no necesito dinero. ¿Qué? No, tampoco poder, mucho menos. Tal vez si usted abre la caja fuerte que hay detrás de ese Klimt, quizás pueda verse alguna cosilla que me guste. ¿Le recuerdo la combinación? Oh, vamos, señor Botlin, relájese. Sólo vine a hacer negocios. En fin, me gustaría recordarle que sé que usted posee la última pizca de tabaco rojo que prohibieron los Mayas, seis siglos antes de Cristo. Así que hablemos... O fumemos.

 

Carlos Burre, Argentina

 


Exquisiteces del gusto ( 88 )


Muy a menudo me siento a recordar el intenso aroma deltrigo en un fundo de gran inmensidad, cuando al atardecer los animales silvestres realizan su recorrido de vuelta a sus madrigeras, esa sensacion de libertad que recorre todo mi cuerpo, se estremecen mis sentidos y se turba mi mente.....   Malaya sea mi suerte, al meter mi mano al bolsillo y darme cuente que por descuido mi pipa se ha caido, una nostalgia a mi ser de arrima, algo me recorre y no es la nicotina, mi sangre se enerba y la rabia se anida, al percatarme que en el otro bolsillo hay un papelito que dice, fumar para ti es prohibo. Un silencio aterrados ensordecio mis oidos al evocar las palabras que el medico un dia me dijo, si sigues fumando pipa pasaras al olvido. En ti, el cancer los pulmones se ha comido y depende de ti el aun sigas vivo. Una a una esas palabras recorrieron mi mente, no se cuantos horas quede dormido, recordando el dulce sonido del tabaco ardido, que dentro de mi pipa emana un humo de romances y amorios, que dentro de mi boca se queda para siempre hundido.

 

Dr. Carlos a. López Scovino


¿Prohibición eterna ?( 87 )

 

Al quedarme viudo, recién cumplidos los cincuenta, me fui a vivir con mi hija. Sólo me puso una condición: no fumar dentro de casa. Y yo, para no molestarla, salía con mi pipa a la terraza. Tantas horas pasé allí que hasta los pájaros alegres y graciosos me piaban.

En aquellos años el Director Gerente lo prohibió en la oficina. Y a media mañana, en vez de tomar bocadillo, aprovechaba para fumar en el pasillo. Como mi pipa llamaba la atención, no había quien no se parara a hablar conmigo, incluso el Director, quien me cogió confianza y acabó ofreciéndome un puesto superior que yo encantado acepté.

La ley se encargó de dividir a fumadores y no fumadores. Los primeros debíamos andar por los números impares de las calles y los no fumadores, por los pares. Así que mi pipa y yo aprendimos la nueva ruta diaria coincidiendo a las nueve en punto, justo en la esquina de la plaza, con una simpática mujer que regaba cantarina sus flores y plantas. Así día tras día hasta que no sé cómo, nos hicimos amigos, después novios… Y nos casamos.

Pero me lo acabó pidiendo: “deja de fumar esa vieja pipa”, me dijo.

Así que ahora fumo a escondidas. Me encierro en el baño; en el único sitio que me pertenece unos minutos al día y aspiro desesperado el calor que me ofrece mi amiga pipa. Sólo espero que el día que me entierren se venga conmigo para que en ese viaje me acompañe a un paraíso donde no nos puedan separar ni me prohíban más fumar. 

Mercedes de la Fuente

 


 

 

Ritual bicultural ( 86 )

Un campesino enterró sus últimos recuerdos con una pipa gastada que un
norteamericano cosmopolita perdió entre las ruinas del Macchu Picchu. Cuando
echó la última porción de tierra para iniciar el ritual que aprendió desde
sus antepasados Incas, sintió una punzada en la espalda. Antes de morir,
alcanzó a ver al norteamericano manchándose las manos de tierra en su
desesperado intento por recuperar su pipa, ahora extraviada entre los
ancestros prehispánicos.

Luis Miguel Cangalaya Sevillano (Lima-Perú)

 


 

 

Lo ilógico de lo real ( 85 )

 Cualquiera de las noches que bañan el cielo y lo pintan de lúgubre, en lo quirúrgico de los ambientes que acompañanan a los eminentes hombres de blanco, o en lo calido del lecho nupcial de los amantes enceguecidos, el dolor desgarrante y un grito que surge de las entrañas, se abre paso la vida y se comienza a morir un poco….el frió da la bienvenida al cruel mundo que se sostiene sobre leyes que ahogan a los sentimientos…..a los pocos años la gravedad nos prohíbe volar con el cuerpo y luego la cruda realidad de los conceptos que ya existen nos prohíben volar con la mente, mientras que sin sentir , seguimos muriendo…. El mundo mismo nos prohíbe preguntar y tras los conceptos impuestos, las mentes de los hombres maduran y comienzan a entender el mundo de una nueva manera…comprenden que la realidad misma es relativa y que la gravedad fuera de ser un obstáculo, fue el reto para volar con el cuerpo mientras que la mente es aun mas fácil de liberar de las cadenas absurdas de los conceptos impuestos al entendimiento…es sencillo encontrar en pedasitos de realidad instrumentos que permitan vivir mientras se muere….asi, mientras la mente se hace libre al compartir las ideas de sabios que plasman sus ideas en papel y el placer que dona el suelo, se combinan en un solo instante de grandeza coceptual, las prohibiciones en la mente del hombre mismo mueren, y la raza se hace grande mientras este comprende que increíble es ser, aun en el pequeño instante cosmico que llamamos vida. Lastima que la prepotencia de la ignorancia se empeñe en morir mas lento y en obligar a los demas a hacerlo, en vez  de vivir dentro de los parámetros irrefutables e infinitos que ofrece la comprensión y respeto de lo increíble que es la posibilidad de creer, pensar y existir individualmente para el beneficio de las masas.   

Andres Varon

  


 

Que me alcance el progreso ( 84 )

Un sonido estridente me despierta, sacandome del reino que no queria
abandonar, la mano coge con fuerza aquello que animos me da para continuar
un dia mas.
Su suave tacto es estremecedor, lineas finas talladas por un artista que ya
pececio se debaten en la mano, y queda ahogada por el tabaco.
El fuego que da muerte es el principio de la relajación, y me levanto
pesadamente, recordando con nostalgia mi reino.
Abandono mi vieja casa, recorro calles que conozco de sobras, caras que se
pierden entre la marea, y me detengo para observar un letrero, un letrero
que pronostica una posible muerte, una muerte mas horrible de la que pueda
imaginar.
Miro al cielo, una espesa nube negra cubre el sol, pero no trae a la lluvia
o al trueno, si no que su nacimiento se debe al progreso.
Una sutil sonrisa recorre mi rostro, pienso defraudo en males que son
aceptados, me muevo, y espero a que me alcance el progreso.

Alejo Rius Cortes


 

 ! Esa sí es una pipa ! ( 83 )

 

Don Rodrigo no sólo era un gran fumador en pipa, sino que se vanagloriaba de poseer una valiosa colección de ellas.

Su esposa, una buena señora, aunque algo tonta, no entendía absolutamente nada sobre la pasión de su marido, pero eso no le impedía disfrutar las disertaciones que este ofrecía sobre el arte de fumar en pipa y los distintos tipos de ellas, cada vez que alguien los visitaba.

A continuación e invariablemente, estas explicaciones en las tertulias hogareñas eran el preámbulo para que  Don Rodrigo mostrara con orgullo su colección, en la que figuraban, entre otras muchas pipas, una elegante Bell/Tomato, una llamativa Bent Bulldog, una hermosa Hawlbill, una Gourd Calabash que era muy admirada, hasta concluir con una Vest Pocket de enorme cazoleta, que era su favorita.

Un día, Don Rodrigo y su esposa fueron a visitar a un amigo músico. Y después de conversar un buen rato sobre pipas, el anfitrión también quiso introducir en la charla el tema de su preferencia, por lo que abrió un estuche que tenía sobre una mesa y extrajo un reluciente saxofón tenor.

Al verlo, los ojos de la esposa de Don Rodrigo se abrieron como platos, le dio un codazo a su marido y no pudo evitar exclamar:

-¡¡Esa sí es una pipa y no las que tú tienes en casa!!

 Juan M. Betancourt González (Betán)

 

 


¡Gracias , querida pipa !( 82 )

 

Abrí los ojos haciendo un enorme esfuerzo, pues los párpados me pesaban como si fueran de plomo. Vi las caras muy serias de varias personas con gorros verdes que me observaban atenta y minuciosamente.

Enseguida me percaté de que estaba acostado en una camilla, pero no tenía la menor idea de cómo y por qué había llegado allí.

Quise incorporarme, pero me lo impidió un dolor agudo en la parte posterior de la cabeza y comprendí que debí haber recibido un fuerte golpe en esa región, pero tampoco recordaba quién o con qué me lo había pegado.

Peor aún era que no me acordaba de quién yo era, ni tan siquiera cuál era mi nombre, por lo que no podía responder las preguntas que me hacían los médicos y enfermeras que me atendían.

Me palpé el cuerpo con ambas manos y me di cuenta de que llevaba una chaqueta puesta, por lo que tuve la esperanza de hallar mi cartera con los documentos de identidad en el bolsillo interior. Mas una rápida revisión bastó para comprobar que allí no estaba. Seguramente me la habían robado.

Desesperado, volví a palparme y fue cuando noté algo duro en el bolsillo inferior derecho de la chaqueta. Introduje mis dedos en él, agarré el objeto que estaba en su interior y lo puse ante mi vista... De inmediato se hizo el alba en la oscuridad de mi memoria:

¡Gracias a mi querida pipa recordé que yo era Sherlock Holmes!

Juan M. Betancourt González (Betán)

  


Un mundo para la razón y la realidad( 81 )

 El mundo no es mas que la creación conceptual de una mente que decide entenderlo como el conjunto de formas bañadas por la luz….la luz de un mundo que se desnuda ante la vista  del observador y que susurra al oído agudo del estudioso, mientras descifra lo que esconden las formas en las porciones de las mismas, que se disimulan a la mirada vigilante de la iluminación diurna, así transcurren los días de gloria del conocimiento…. Y en un segundo sucede lo inevitable, la inseguridad acerca de lo poco que se sabe sobre la existencia propia y el sentido del ser, hace que se olvide que  tan maravilloso realmente es ser…las razones desaparecen y las masas se enfurecen en medio del ímpetu de la ignorancia que yace en la creencia ciega de aquel que convence sin saber y busca la destrucción de aquello que jamás ha conocido por cuenta propia…..y que queda?.....nada mas que conjuntos de formas que se desnudan ante la vista del observador y que arremeten contra el;  inútilmente, por que el observador sabe que la tradición que yace en su mano derecha, ha nacido para morir quemada como las brujas pero que como ellas perdurara en el tiempo dando el aroma característico de la historia que se dispersa en el ambiente  haciéndose arte en la intimidad del pensamiento del pipa fumador que observa y ríe de aquellos que solo se deican a morir lentamente en ves de vivir mientras se puede.

Andres Varon


Deslinde Boscoso ( 80 )

El viejo prendió una larga pipa, el humo que salía  desde la punta de sus rastas dibujaba la visión de un lugar. El Deslinde Boscoso como lo llamaba la guarra que fregaba la vajilla en lo de mi prima, es increíble lo que saben los ignorantes. El viejo emitió un quejido y una sonrisa, sería mi cara, por las dudas yo también me reí, pero un poco mas fuerte, empecé a echar carcajadas, bailé a su alrededor y grité todo tipo de risas. El viejo abrió los ojos grandes o por lo menos todo lo grandes que fue capaz, me pareció que las rastas se le paraban como a las trenzas de una niña que salta la cuerda, una mandrágora que petrifico mi sonrisa solo por unos segundos, antes que regresara con mayor potencia, poniendo en peligro mi vida y la paz del Pipas.

 

Pablo Vázquez

 


 

El Concurso ( 79 )

Era de noche, me encontraba en el lúgubre salón de mi casa, trabajando con la computadora a las penumbras de una vieja lámpara de escritorio. Ya era tarde y aun no terminaba, estaba desvelado. A mi lado yacía una taza de café vacía junto a un rustico cenicero lleno de colillas y mugre. Me costo un poco mas de lo esperado pero finalmente termine dicho trabajo. Habiendo superado la hora en la que me da sueño ya no vi que tuviera sentido irme a dormir, por eso mismo opte por navegar por las blasfemas paginas de internet.

Visitando paginas de todas partes del mundo encontré algo que llamo mi atención. No les aclare que soy escritor, me atraen fenómenos que a otros no. Entre a una pagina sobre un club de pipas de Barcelona. Como todo escritor, con soberbia sonreí para mi mismo y dije algo como “¿tienen club? Yo podría poner una peña de fumadores de cigarro o habanos” Contento con mi sarcasmo apunte la frase para agregar a algún futuro trabajo. Sin embargo algo inexplicable me atraía mas de lo común, como si no pudiera sacar mi mente de esa pagina web. Seguí navegando y me entere de todo acerca del mundo de las pipas. Estaba fascinado y lo que mas me sorprendió fue encontrarme con un concurso de relatos sobre pipas. Intrépidamente pensé en escribir algo original tan solo por diversión.

Comencé a escribir pero no lograba ponerle alma a la historia, escribí una tras otra pero todas salían mal. Me costo un instante darme cuenta donde radicaba el conflicto. No podía describir con total verdad y sentimientos lo que se sentía fumar en pipa, porque nunca había fumado.
Al día siguiente adquirí en una tabaquería tres ejemplares de diferentes motivos en variedad de pipas. También compre tabaco y todos los elemento para el cuidado de las mismas.
De nuevo en mi hogar realice paso a paso las indicaciones de cómo utilizarla casi como si fuera un ritual indio. Llegado el momento encendí el fósforo y aspire. Reconozco que era maravilloso, hacia mucho tiempo que no me sentía así ante una nueva experiencia. Disfrute mientras sentía ser  Sherlock Holmes, un jefe Apache, un anciano maestro oriental y un  sinfín de personajes sobre cuales ya podría escribir en mis relatos. Con respecto al concurso ya no me importa tanto, pues el mejor premio fue descubrir esta legendario placer de fumar en pipa..

Fernando Drigo. Argentina 

 


 

El misterio de la pipa ( 78 )

Pau cultivaba desde adolescente el tallado en madera.

Desde su boda, casi un año atrás, había estado trabajando, en secreto, en su mejor obra: Una bellísima pipa, de estilizada línea, con la silueta de una mujer,… de su mujer, reclinada lánguidamente, cabeza y hombros sobre la cánula, los pies graciosamente apoyados en le borde de la cazoleta. Su Venus, la llamó. Madera blanca fue la elegida, como la piel de su amada.

Nerea, a quien su avanzada preñez hacía añorar la privilegiada figura que lucía la pipa, se ocupó de enterar a sus amigas, de que la mujer de la pipa de Pau era quien compartía con él sus noches de pasión.

Cuando el pueblo supo que Pau y Nerea se habían estrenado como padres, pocos faltaron al desfile de congratulación.

Si hubiéramos ido, habríamos visto a una Nerea feliz, azorada, cobijando su aceitunado tesoro, que más recordaba el color del chocolate que el de la leche. Y a Pau, orgulloso a su lado, fumando su conocida pipa, a cuya silueta, el humo, había ido otorgando el prodigioso color que lucía su hija. 

Nieves . Santander. Cantabria 

 


 

Sobremesa ( 77 )  

 

El día ha salido frío, como todo lo que va de mes. La comida a base de caldo, cordero asado y frutas varias, rematada con un excelente barquillo sobre lecho de crema inglesa y chocolate caliente ha resultado exquisita. Matilde me trata a cuerpo de rey. 

 

La biblioteca estaba helada, debería haber encendido antes el hogar. En tanto el calor de la lumbre llega a todos los rincones de la estancia, me cubro con una mantilla las débiles piernas. Cada día veo más grande el ventanal; será porque mis ojos, con los años, perciben más detalles del paisaje que se ofrece tras la cristalera, y del que ya no puedo disfrutar como antes. El cielo, plomizo, se extiende infinito en su inmensidad; los árboles, despojados de sus hojas, se mecen con un vaivén acompasado, adormecedor; y sus antiguos vestidos, hechos jirones, forman en la fresca hierba un manto vaporoso, etéreo. Tengo las mejillas encendidas. Se acerca el mejor momento del día. La costumbre ha hecho de la sobremesa en la biblioteca la actividad central de mi vida. Ya llega Matilde. Nunca le estaré lo suficientemente agradecido. El café está como siempre, cremoso y calentito. Mientras sorbo, despacio, la veo preparar la pipa con todo el cuidado y cariño que pone en la operación. Cuánto la amo. Supe que la amaba la primera vez que la vi encender la pipa para su padre, porque enseguida comprendí que una mujer que pone tanto mimo en esta tarea sin duda había de ser una buena esposa. Conocedora de mi gran pasión por fumar, admiro cómo aceptó sin reproches mi decisión de incumplir la prohibición médica. Se sienta a mi lado y la tarde pasa placentera, entre el humo de mi pipa y las caricias de nuestras manos enlazadas.

 

Haver Charro. Barcelona 

 


 

Últimos besos ( 76 )  

Me recreé con la pequeña columna de humo, absorto, sonriendo mientras la creaba con suaves caladas. No recordaba la última vez que me había sentido tan libre como ese espíritu de tabaco resucitando del silo incinerador que era mi vieja pipa. La tuve como un tesoro durante años, aunque llevaba bastante tiempo sin poder usarla, sin acompañar mi aliento con esos deliciosos efluvios con regusto a madera, porque no se me permitía fumar allí. Fue sin duda lo peor. Me sentía melancólico, desprotegido, como si hubiese perdido a una hija. Pasé del todo a la nada en cuestión de instantes, y si por lo menos hubiese tenido mi exquisita mezcla de Blumenau, todo aquello habría resultado un mero pasatiempo. Sólo me quedaba contemplarla y acariciarla con las yemas de los dedos. Fue maravilloso volver a besar la boquilla, inundar mis pulmones con ese aromático viento gris, cerrar los ojos y sentirme vivo de nuevo. Llevaba casi una hora de intimidad con ella, y se terminó. Fueron nuestros últimos besos. La guardé con ternura en el único bolsillo que me habían concedido y asentí a modo de señal para que comenzaran. 

El funcionario conectó la silla eléctrica, pero mi sensación de placer no disminuyó. Aun tenía dentro el soplo de vida que me dio la pipa. Iba a convertirme en humo tal y como deseaba, iba a volver a ser yo, libre de nuevo. Ascendería hasta perderme y fundirme con el que ya inundaba la pequeña sala. No debía estar triste. Conseguí mi última voluntad, que fue un poco de su compañía. Sin duda mereció la pena esperar tanto para volver a encontrarla, para volver a respirar un poco de la felicidad que me habían prohibido.

Nacho Samper

 


 

Humo en los ojos ( 75 )  

Mi abuelo siempre me decía que su pipa era mágica. Que ella podía transportarlo a extraños lugares, moradas de ensueños, con solo observar la espesa nube de humo que ascendía desde ella. Uno podía quedar envuelto en aquella nube que le hacía olvidar todo, viviendo en un mundo imaginario.

Yo crecí y mi abuelo ya no está, pero aún conservo su tan preciada pipa. Él quiso que fuera yo quien la guardara y la cuidara. Para mi es como si fuera un tesoro y todavía la protejo dentro de una pequeña caja.

Después de mucho tiempo, me animé a tomarla entre mis manos, siempre sentí que debía tratarla con cariño, como si fuera de cristal. Desde la muerte de mi abuelo, hoy la enciendo por primera vez y no sé que me va a suceder cuando dé la primera bocanada. Le coloque el tabaco dentro tal cual ritual, ansío tanto poder habitar esos mundos que mi abuelo me contaba cuando era pequeño.

Al sentir el ardor en mis ojos, se que estoy pronto de conseguir lo que tanto quiero y me esfuerzo por mirar más allá de la espesa humareda, de penetrante olor. En un abrir y cerrar de ojos y para mi eterno asombro, un entorno nuevo y desconocido se alza frente a mi y termino perdiéndome para siempre en aquel mundo de fantasía. Mi abuelo estaría orgulloso de mí.

 

Amancay Martinez. Ciudad de La Punta, San Luis, Argentina

 


La última pipa de su vida   ( 74 )                                                                  

Fue condenado a morir en la silla de bambú por alta traición. Al atardecer de aquel día de verano le ataron desnudo al tormento procurando que el agujero central del asiento le quedara ad hoc. Él pensó: «Qué forma más refinada de matar tienen estos asiáticos: morir esperando».

Se equivocaba. Previamente, el verdugo había plantado un rizoma long-chu  —un bambú de desarrollo espectacular— bajo la silla y regado con esmero. Miró al condenado y le dijo:

—Tiene derecho a una última voluntad.

El inglés calculó que en la espera nada le sentaría mejor que fumarse una pipa de tabaco rubio vietnamita, húmedo, oloroso, antes de pasar a mejor vida. Definitivamente, un espía no podía morir sin tener a mano su pipa.

—El tabaco mata —le recordó el verdugo en un gesto de comprensión hacia el reo.

Sir James se limitó a sonreír, irónico: 

—Ya lo sé. Pero tráigame el tabaco, por favor —le insistió—: de todas formas estoy condenado a muerte.

Fumó con delectación eternizando el momento, consciente de que era la última pipa de su vida. Cuando acabó, el verdugo le advirtió: 

—Ahora debería empezar a preocuparse, señor, estos bambúes que he plantado bajo su culo crecen un metro en veinticuatro horas…

Súbitamente el inglés dejó de sonreír: se sintió gravemente ofendido por la forma tan poco refinada que tenían de ajusticiar estos vietnamitas…

Pedro Sanz Lallana

 


 

El Gran Deseo ( 73 )


Habría podido imaginarse el interior de la pipa.
Ninguna duda, ningún tímido pensamiento de intriga que
se opusiera al hecho de estar quemándose el más fino
de los tabacos.

El interior estaba completamente ardiente. El humo
que era su alma, flotaba ingrávido, sin temor por la
habitación, avanzaba por la luz que entraba desde una
ventana y se seguía viendo hasta que salía por la
puerta. De improviso el placer se hizo más
irresistible que antes. Subió la pipa caliente hasta
su boca y, entonces, dejó penetrar una bocanada de
humo.

Sin duda alguna su interior estaba ardiente. Miró por
encima de su cabeza y, como sus pensamientos, los
espirales de humo le ondeaba su figura y subían hasta
lo alto del techo ennegrecido.

Solo quería hacer una mínima pausa, tomar el sabor
íntegro de aquel placer extremo y dejar que el corazón
siguiera su ritmo marcado por el entusiasmo y la
pasividad. Le asaltó en este punto de éxtasis un gran
deseo de seguir con su imaginación el humo hacia
adentro. No le parecía indecoroso hacerlo ahora;
frente a sus amigos de siempre. Todos reían, solo él
fumaba. Lo separaba de ellos esa pequeña travesura de
fumar. Por eso no dudó en hacerlo, se hundió en el
sofá y se escabulló con el humo hacia él mismo, hacia
el interior donde ardía su propia alma.

Pygmalion

 


 

Amor de humo ( 72 )

 

Sabía que lo que me había enamorado no era él, sino el olor del tabaco de su pipa.

Ese olor a hombre dulce, reposado y sincero que me envolvía. Un olor que no le pertenecía, que le era ajeno, prestado...Todo un mundo de cualidades y sensaciones prestadas. Pero,¿cómo reconocer que uno a quien desea es un objeto? ¿Cómo explicar que se intenta humanizar una pasión para poder vivirla? Impregnar ese aroma a un cuerpo, dotar de voz a una inspiración, convertir en abrazo una humareda, hacer de un ritual una manera de ser...

Pero a él no le importó interpretar ese papel. Sentirse un intermediario entre la pipa y yo. Ser sus manos, sus ojos y sus labios. Erigirse para siempre en el hogar donde se prenden mis sueños y crepitan mis emociones. 

 

Eva . Madrid 

 


 

Las adicciones de Ferdin y Eduvigis ( 71 )

Veinte líneas para un concurso. Vaya complicación, porque no todos somos asiduos a los cuentos cortos. El tema es apasionante, pero por lo mismo un poco más complejo. Vaya que Ferdin ha sentido en su sien el dolor de cabeza al encontrarse con todo esto.

Lo peor es que Ferdin no ha podido dejar su pipa ni por un instante, entonces no puede escribir, porque inhala un humo grisáceo con tal gracia que sólo puede concentrarse en eso. Debería ser más práctico y aprender a fumar y escribir a la vez. Una vez le pregunté que cómo era posible y si es que en algún minuto del día hacía otra cosa que no fuera llevarse la pipa a la boca. Me contestó: “señora Eduvigis, no se ponga tan terca y por favor entiéndame un poco a mí. Usted anda por la calle con más de cien gatos amarrados por un cordel y me pide que deje la pipa. Piense en que todos tenemos nuestras manías, algunas más extrañas que otras y no quiero ser descortés con usted, pero prefiero mil veces llevarme hasta cinco pipas a la boca que pasear con más de cien gatos.” Tuve que callarme, porque en cierta medida tenía razón. No hay momento en que me haya puesto a regodear por el olor de su pipa en mi ventana, pero mis preciosos gatos ya han ido a combatir contra esas tiras pequeñas color café que se llaman tabaco y las han enterrado en el patio delantero, el pobre Ferdin nunca ha reclamado. En fin, debe ser complicado para él, porque tabaco cuesta encontrar, sobretodo ahora que los tiempos en que vivimos no han de permitir mucho cigarro. “El tabaco mata”, dicen algunos, pero yo pienso que con todo el café que hube de tomar en mi juventud, tengo para seguir con insomnio por sesenta años más; el alcohol ingerido, me tiene con resaca todavía hoy.

María Joselito Barrett Baldez, Chile

 


Más relatos a Concurso Página 2 : click

 

 

 

        interNOSTRUM
   

logo pipachat

PipalistaLogo.     tunombre@bpipaclub.zzzn.com      postallogo.gif (6392 bytes)

newsfla.gif (8572 bytes)

   

 



 Consejo Editorial 

Coordinación: Vicens Lozano (vicenslozano@gmail.com)

Redactores: Sófocles, Pedro Puertas,
Ricardo Xavier-Morato, Miquel Martí ,
Ricardo Espantaleón, Javier Beraza,
Jose Lopes ( Portugal ) , Enrique Cantu ( México ) ,
Joan Bonet ("Bonet de ses Pipes"),
,Ben Rapaport (USA) ,Miquel A. Sánchez i Codina ,
Carlos Canle, Pepe Epicuro (Argentina), 
Manolo Carreño,Marcelino Piquero, 
Juan Carlos Martínez,Ignacio de Chamberí, 
John C. Loring ( USA), RD Field (USA),Pedro Romero  ...


Si estás interesado en colaborar...contacta aquí:  click

  Donde nos encontrarás 

Barcelona Pipa Club ®
Plaça Reial, 3 pral . 08002 Barcelona ( Spain )
Tel. 93 302 47 32  / 93 301 11 65    
bpipaclub@gmail.com

Obert /  Abierto / Open desde las 6 pm to early morning ( madrugada )

 


© Copyright: All rights (text and pictures) reserved Barcelona Pipa Club ®


 

 

 



 

Barcelona Pipa Club The Latin Pipas y Tabacos SiteRing

This site owned by
V.L.
Previo ListaAleatorio Inscrip Siguiente

 

 

PipeSmoke Ring
Provided by:
Spiderlinks.Org
 
Ringmaster:  Jack Tompkins
Site Owner:  vicens lozano
Ring Home:  http://www.jack-tompkins.com/Pipes
Join:  PipeSmoke Ring
PREVIOUS : NEXT : RANDOM : SITE-LIST

 

 

 
Otras  páginas
 con  aspectos  
 literarios

La página de "Bonet de 
ses pipes"

Autores (Un 
autor y 
su obra pipera)

Smoke 
Free Area ? 
( Pipa y Salud )


Tolkien
 y la Pipa

Frases célebres
sobre la pipa

Los libros
de la pipa